Los toros - Manuel Vicent (2.005)

Como una forma de congraciarse, después de la entrevista en el Pentágono, el señor de la guerra Donald Rumsfeld le dijo a su colega Pepe Bono (ministro de Defensa español) ante las cámaras: “En mi juventud hice una corta carrera en el encierro de Pamplona y me subí a una señal de tráfico”. Uno más, pensé, que confunde el asta de toro con el asta de la bandera de nuestra patria, pero al oír semejante hazaña, extremadamente embelesado, nuestro ministro de Defensa le jaleó: “¡eso es un torero, sí, señor!”, como lo hace el mozo de espadas con el maestro desde el callejón en el momento supremo de la faena.

Con ese requiebro Pepe Bono le dobló los riñones al amo de las bombas, dejándolo pastueño. Hay que imaginar a este halcón de ojos fríos, que no concibe la historia sino a sangre y fuego bajo una lluvia de hierro, encaramado en un semáforo de la calle de la Estafeta, muerto de miedo. Su figura no sería muy airosa, pero Pepe Bono, sin duda, le habrá explicado que subirse al olivo es un lance acostumbrado cuando el maletilla furtivo y romántico torea en la dehesa en noches de luna llena.

Demos por buena esta idiotez con tal de aliviar la tensión que existe entre Estados Unidos y España por la retirada de nuestras tropas de Iraq. A este paso es posible que un día veamos a Rumsfeld y Bono abrazados, cada uno con una botella de anís Machaquito en la mano, cantando: Los borrachos en el cementerio..., y solo entonces volverá la sonrisa a los labios de la novia.

Tal vez el joven Rumsfeld llegó a los sanfermines de Pamplona imbuido por la propaganda de Hemingway, que, por cierto, también era otro héroe de pega. Cuenta Robert Capa que después del desembarco de Normandía iba en un jeep con el escritor en dirección a París y al encontrarse con una escuadrilla de aviones alemanes, Hemingway saltó del vehículo, se tiró en la cuneta y el terror lo dejó medio postrado con el trasero muy subido y la cabeza debajo de un matojo.
Robert Capa desde el jeep le hizo una foto en esta postura ridícula. A partir de ese momento Hemingway le retiró la amistad al fotógrafo, que era, de los dos, el único valiente.

El toro de lidia no es una fiera que mata para vivir, sino un animal herbívoro, que solo ataca en defensa propia cuando siente su territorio amenazado. Pese a la lucha de los antitaurinos por sacudirnos de encima el karma de la crueldad de la corrida, Donald Rumsfeld aún nos ve a los españoles como toreros. Ahora solo falta que Pepe Bono le dé alas y lo invite a un burladero de las Ventas o a una capea de la España negra, rodeado de moscas.

Párate y mira - Rosa Montero


Me repito, lo sé. Pero, ¿cómo no hacerlo, si los abusos también se repiten? Últimamente un buen puñado de intelectuales, entre ellos gente a la que admiro, han firmado manifiestos en pro de los toros. Y hace un par de días, El Mundo entrevistó al "eminente filósofo francés Francis Wolff" diciendo lo mismo.

No he leído a Wolff y no sé si es de verdad eminente; pero podría ser la persona más inteligente del mundo y aún así sostener una sandez, porque la costumbre cultural ciega nuestros ojos. Por ejemplo, el grandísimo Kant decía que "el estudio laborioso y las arduas reflexiones destrozan los méritos propios de una mujer", bonita necedad dictada por el machismo de su época. Volviendo a lo taurino, Ortega y Gasset se opuso a la ley de 1928 que implantó el peto para los caballos de los picadores. Antes, los toros evisceraban a media docena de caballos todos los días. Los pobres jacos caminaban pisándose las tripas, escribió Valle-Inclán; se las metían a puñados, les cosían en vivo y los volvían a sacar. Pues bien, Ortega declaró, indignado, que sin eso se acababa la fiesta. Y era un sabio en su tiempo.

Hoy, en cambio, la plaza entera vomitaría si viera algo así, porque por fortuna hemos superado el feroz nivel de violencia de 1928 (que culminaría poco después en la Guerra Civil). Soy hija de torero y sé que las cosas no son simples; como muchos matadores, mi padre adoraba a los animales, y yo fui una buena aficionada hasta que crecí por encima de mi ceguera cultural y pude ser consciente de la carnicería.

Porque eso es crecer: esa sensibilidad va unida al desarrollo de la civilidad. Yo no pido que los toros se prohíban. Sólo te digo: párate y mira. Es lo que la gente está haciendo, por otra parte. En 1978, en España había un 45% de aficionados. En 2008, sólo un 28%; y entre los jóvenes, sólo un 19%. Esto se está acabando. Por eso salen firmando manifiestos. 

Verdad palmaria - Juan José Millás




Los toros, pueden gustar o no gustar, claro, cada uno es cada uno. Pero sería estimulante que los aficionados a esa expresión cultural hicieran una crítica del gusto. En otros ámbitos admitimos sin problemas que disfrutamos con pasatiempos detestables y nos aburrimos con distracciones admirables. ¿Qué hay de malo en aceptar los aspectos oscuros o mal considerados de nuestras inclinaciones? El maltrato a los animales está mal visto (ya era hora), incluso hay leyes que lo persiguen, aunque estableciendo salvedades. Nada que objetar a las salvedades, la vida es así, no lo he inventado yo, etcétera. También la tortura está prohibida, a menos que la ejerzas en Guantánamo, con gente cuya piel es más oscura que la tuya. Y el terrorismo se persigue de manera implacable, excepto cuando se trata de bombardear Irak. Anomalías culturales, qué le vamos a hacer, lo que no quita para darse cuenta de que el terrorismo es terrorismo incluso si lo practico yo.

Parece evidente que al toro de lidia se le maltrata. ¿Que a usted le gusta? Nos parece muy bien, no lo vamos a censurar. Pero hombre, hombre, reconozca que las banderillas, las puyas, el estoque y demás instrumentos quirúrgicos hacen daño (además de humillar). En el acto de arrojar una cabra viva desde un campanario hay belleza, no vamos a negarlo. A mí al menos me sobrecoge esa lucha titánica entre el cuerpo del animal y la fuerza de la gravedad (de la que siempre sale vencedora, por cierto, la última), por no mencionar la precisión matemática del movimiento uniformemente acelerado, que se cumple con todas y cada una de las cabras, no importa su condición. Todo eso está muy bien y si a uno le gusta le gusta. Pero hay tortura, hay maltrato, hay vilipendio. ¿Por qué a los taurinos, muchos de ellos intelectuales de pro, les cuesta tanto admitir esta verdad palmaria?


Libertad religiosa - Javier Perez Royo

La decisión acerca de si se puede admitir o no la presencia de crucifijos en las aulas está tomada. Es una decisión que adoptó el constituyente de 1978 al redactar el artículo 16 de la Constitución en los términos en que lo hizo. El Estado español es un Estado aconfesional y, en consecuencia, "nadie podrá ser obligado a declarar sobre su... religión o creencias" (art. 16.2) y ninguna "confesión tendrá carácter estatal" (art. 16.3).

No nos encontramos ante una decisión que tengan que tomar los consejos escolares, o las consejerías de Educación de las comunidades autónomas o el Ministerio de Educación, porque la decisión ya la tomó el constituyente. Desde el 29 de diciembre de 1978 cada ciudadano, y subrayo lo de cada ciudadano, es titular del derecho fundamental a la libertad religiosa y ese derecho tiene que serle respetado por los poderes públicos y por los demás ciudadanos sin excepción, ya que, como dice el artículo 9.1 CE, "los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución". Ni siquiera las Cortes Generales podrían tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, pues en el supuesto de que aprobaran una ley en ese sentido la ley sería anticonstitucional. En mi opinión, ni siquiera mediante la revisión de la Constitución contemplada en el artículo 168, que sería la vía apropiada para reformar el artículo 16, se podría tomar esa decisión, ya que la no confesionalidad del Estado pertenece al núcleo esencial del Estado constitucional, que dejaría de serlo en el caso de que se convirtiera en un Estado confesional. Estado constitucional y Estado confesional es una contradicción en los términos. Pero, en todo caso, para tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas habría previamente que revisar la Constitución, esto es, adoptar la decisión por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras en dos legislaturas consecutivas y someter la decisión después a referéndum.

Desde el 29 de diciembre de 1978 debería haberse procedido de oficio a la retirada de todos los crucifijos de las escuelas. La retirada o no retirada de los crucifijos no es asunto que pueda ser sometido a discusión, ya que ello obligaría a que quienes participan en la discusión tengan que hacer públicas "su religión o sus creencias" y esto es algo que está expresamente vedado por la Constitución. La simple formulación de la pregunta ya sería anticonstitucional.Lo que, a su vez, quiere decir que a nadie tendría que ponérsele en la tesitura de tener que hacer una reclamación para que se retiren los crucifijos y, menos todavía, que tenga que interponer un recurso ante los tribunales de justicia para que se ordene la retirada. Esto ya supone una vulneración del derecho a la libertad religiosa de la persona que reclama o recurre.Los derechos fundamentales son derechos de los individuos. Los consejos escolares no son titulares del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, no pueden decidir ni por mayoría ni por unanimidad si quieren mantener o no los crucifijos en las escuelas. Mantener esa postura es desconocer de la manera más completa qué son los derechos fundamentales y qué lugar ocupan en nuestro ordenamiento constitucional.De ahí que no se pueda aceptar los términos a los que se está intentando llevar el debate en nuestro país tras la reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la incompatibilidad del derecho a la libertad religiosa y la presencia de los crucifijos en las aulas. La decisión de retirar los crucifijos no puede hacerse depender de que lo soliciten o dejen de solicitar un mayor o un menor número de padres, sino que dicha decisión tiene que ser adoptada de oficio por los poderes públicos competentes, ya que el primer elemento definitorio de los derechos como derechos fundamentales en nuestra Constitución es la vinculación de los mismos a todos los poderes públicos. Así lo dice taxativamente el primer inciso del primer apartado del artículo 53 de la Constitución, que es en el que se definen los elementos que hacen que los derechos puedan ser calificados de fundamentales: "Los derechos y libertades (...) vinculan a todos los poderes públicos".Tras la sentencia dictada por unanimidad por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la violación de la libertad religiosa por parte del Estado italiano por no haber procedido a la retirada del crucifijo de un instituto no puede caber duda de que libertad religiosa y crucifijos en las aulas son términos incompatibles y, en consecuencia, todos los poderes públicos están obligados a ordenar la retirada de tales símbolos religiosos porque, insisto, todos están vinculados por los derechos fundamentales.

JAVIER PÉREZ ROYO
CATEDRÁTICO DE D. CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA


Sobre la identidad democrática - Fernando Savater

El debate sobre la identidad francesa incitado por el presidente Sarkozy es un síntoma alarmante de cómo se están poniendo las cosas en nuestra Europa de los malentendidos. ¡Preocupación identitaria hasta en el último bastión republicano del radicalismo ilustrado! Si la sal pierde también el sabor... ¿con qué podremos devolvérselo? Probablemente, la mejor respuesta a quienes inquieren en qué consiste la identidad francesa es replicar: "En no hacer nunca preguntas como ésta". Pero hemos llegado a tal punto que ya no podemos limitarnos a esa irónica contundencia. Es preciso intentar de nuevo dar otra vuelta de tuerca a la pedagogía cívica.

En el congreso Casa Europa, celebrado hace pocos días en Turín por inspiración de Gianni Vattimo, escuché una intervención interesante del ex alcalde de Palermo y actual parlamentario italiano Leoluca Orlando, titulada Identidad y convivencia. Sostuvo que en la UE es preciso dejar de hablar para bien o para mal de "minorías", porque lo que cuenta es que todos formamos parte de la mayoría democrática igual en derechos humanos y garantías civiles. El reconocimiento político de "minorías" estereotipadas consagra una cultura de la pertenencia, según la cual los derechos dependen de la adscripción del ciudadano a tal o cual grupo identitario. Cada identidad se convierte así en un blindaje que justifica excepciones y conculcaciones de las pautas democráticas generales.

Según mi interpretación, existe una diferencia esencial entre la diversidad de identidades discernibles en cualquiera de nuestras comunidades actuales y la identidad democrática que constituye el ADN del sistema político en que vivimos. Como ya he escrito en otro sitio (el curioso debe consultar el capítulo sexto de La vida eterna) el asunto se resume en la distinción entre ser y estar. Cada individuo configura lo que es de acuerdo a una gama más o menos amplia de identidades yuxtapuestas: algunas nos vienen impuestas por los azares de la biología, la geografía o la historia, mientras que otras provienen de elecciones más personales en el terreno de los afectos, las creencias o las aficiones. Hay cosas que somos desde la cuna y otras que preferimos o nos empeñamos en ser: ciertas identidades nos apuntan y al resto nos apuntamos. Sobre lo que cada cual es, cree que es o quiere ser poca discusión pública cabe. Se trata de una aventura personal mejor reflejada en obras autobiográficas como las Confesiones de san Agustín o de Rousseau, incluso en diarios como el de André Gide.

La identidad democrática, en cambio, no expresa tanto una forma de ser como una manera de estar. De estar junto a otros, para convivir y emprender tareas comunes, pese a las diferencias de lo que cada uno es o pretende ser.

El único requisito que se impone en democracia a las diversas identidades que se dan en ella es que no interfieran radical-mente con las normas que permiten estar juntos o imposibiliten su funcionamiento igualitario. Por ejemplo, la identidad francesa es, sin duda, parte de lo que los ciudadanos franceses son, pero hay muchas maneras de vivirla, sentirla y pensarla de acuerdo con el resto de los rasgos de identidad que cada cual considera suyos. Ya existen novelas o películas sobre esta diversidad, que unos viven como drama y otros como conquista (supongo que entre estos últimos habrá que incluir al propio presidente de ascendencia húngara y a su envidiablemente cosmopolita esposa).

No hay cánones definitivos para ser francés, pero sí para estar en Francia como ciudadano de una democracia avanzada. De modo que la pregunta interesante no indaga lo que significa ser francés, sino lo que exige ser ciudadano en Francia.

Lo mismo es válido para el resto de los países, desde luego. No son los minaretes ni los campanarios los que amenazan las libertades públicas, sino aquellos feligreses o dignatarios religiosos que ponen su pertenencia a una fe por encima de sus obligaciones con el sistema democrático que las permite convivir a todas sin desgarramientos ni indebidos privilegios. Frente a la cultura de la pertenencia -acrítica, blindada, basada en el sacrosanto "nosotros somos así"- está la cultura de la participación, cuyas adhesiones son siempre revisables y buscan la integración de lo diferente en lugar de limitarse a celebrar la unanimidad de lo mismo. A esta última, que respeta el ser de cada cual pero lo subordina en asuntos necesarios al estar juntos con quienes son de otro modo, es precisamente a lo que se llama laicismo.

Pero es importante destacar que el laicismo no sólo se refiere a las identidades religiosas: también ha de aplicarse ante otras de distinto signo, como las llamadas de género (refiriéndose al sexo, que es lo que tenemos los humanos a diferencia de los adjetivos y los pronombres) o a las de idiosincrasias nacionalistas. En el País Vasco, por ejemplo, las tímidas medidas que afortunadamente se van tomando para asentar por fin la maltrecha identidad democrática que allí nunca ha tenido verdadera vigencia tropiezan con la oposición de quienes se empeñan en verlas como agresiones a una supuesta "identidad vasca", que ellos se han ocupado de diseñar como incompatible con la española y calcada de parámetros exclusiva y excluyentemente sabinianos. De modo semejante, se previene y desvaloriza en Cataluña la función del Tribunal Constitucional, cuya misión (hay que reconocer que cumplida por lo general sin excesivo lucimiento) supone precisamente la defensa del estar constitucional frente a formas de ser que impliquen desigualdades ofensivas o disgregaciones territoriales de la ciudadanía. No sólo son los obispos quienes pretenden que lo que ellos consideran pecado sea convertido en delito por la ley civil: también hay integrismos culturales o etnicistas que aspiran a imponer sus prejuicios irreversibles -"aquí somos así, hablamos así, etcétera..."- por la misma vía.

El problema de fondo es que las identidades particulares con las que cada uno definimos lo que somos gozan de una calidez entusiasta y egocéntrica a la que difícilmente puede aspirar la más genérica y compartida identidad democrática. Cada cual disfruta o padece (pero deliciosamente) su ser y sólo se resigna a estar con los demás. De ahí la importancia de una educación cívica, la denostada Educación para la Ciudadanía, que razone y persuada para la formación de un carácter verdaderamente laico en todos los aspectos. Ignoro si este objetivo es ahora alcanzable en nuestra era centrífuga, pero estoy convencido de que es deseable y hasta imprescindible dentro de una actitud progresista más allá de las habituales querellas entre izquierdas y derechas.

Mas toros - Manuel Vicent (2.004)



Dijo el matador de toros Rafael el Gallo: " No sé qué es peor, que te arrojen almohadillas en la plaza de Las Ventas o que te saquen a hombros en la Monumental de Barcelona". Ese torero tenía psicología. Imaginaba que un catalán aficionado a la fiesta nacional era como un extraño ser disfrazado de castizo. Si este impostor te concedía dos orejas y rabo, había que hacer todo lo posible para que no se enteraran en Sevilla, porque ese éxito podía arruinar tu carrera. Catalán y taurino felizmente parecen términos antitéticos, de modo que el sarcasmo de Rafael el Gallo debe ser tomado como un elogio por cuantos creemos que ignorarlo todo sobre la lidia supone un paso en el refinamiento del espíritu.

El Ayuntamiento de Barcelona acaba de poner a votación la posibilidad de suprimir la corrida de toros. Han ganado los partidarios de borrar esa ignominia de la ciudad, y en medio de la controversia que esta decisión ha levantado, un torero ha salido a la plaza de la Monumental a torear con una barretina por montera en un acto de afirmación étnica. No servirá de nada. Aunque el espectáculo de matar reses para general regocijo del público continúe, es evidente que Cataluña se va alejando de esa bárbara costumbre y llegará pronto el día en que la sensibilidad social y política contemple esta fiesta exactamente como lo que es, una cochambre anticuada, llena de moscas. En cambio, en Madrid recientemente se ha producido un hecho que pone la carne de gallina. Estaba todavía palpitante el terrible atentado del 11-M y en beneficio de las víctimas de esa tragedia de Atocha se celebró en la plaza de Las Ventas una corrida de toros. La generosidad del mundo taurino es cosa de admirar, pero resulta escalofriante el grado de insensibilidad que supone aceptar este festejo como algo natural sin darse cuenta de que no se puede desagraviar la muerte y la sangre de las personas añadiendo a esa masacre el violento espectáculo de otra matanza, aunque se trate de animales. No he sabido que en homenaje a los muertos y heridos del atentado de Atocha se haya celebrado un concierto donde sonara el Réquiem de Mozart ante el Gobierno en pleno. En cambio, se ha oficiado una misa católica y una corrida de toros. Un cardenal nos ha consolado con palabras vacías, y en la plaza de Las Ventas, ante un público airado o regocijado según cada faena, se ha producido un cúmulo de puyazos, banderillas, estocadas y descabellos. El arrastre de las mulillas ha marcado en la arena más regueros de sangre.


http://www.elpais.com/articulo/ultima/toros/elpepiult/20040502elpepiult_2/Tes

Mas toros - Manuel Vicent (2.006)

Ya están de nuevo aquí los puyazos, las estocadas, los descabellos, los vómitos de sangre, donde abrevarán las moscas bajo el flamear de la bandera de España; ha comenzado la temporada taurina en las Ventas, el rito brutal y a la vez manierista, que convertirá la tortura y la muerte en un espectáculo moral. Lo menos que se puede decir de la fiesta degradante de los toros es que está fuera de época. Éste ya no es el país de gente desdentada y patilluda que alcanzaba la gloria metiéndose entre pecho y espalda vino de bota mientras un torero, a cuchillada limpia, hacía un estofado sobre un animal para solazarle y afirmar al mismo tiempo los valores de la raza. La estética de masas ahora se congrega alrededor de unos héroes que son campeones de motos, de fórmula 1, de rallies, de baloncesto, de tenis, de golf, de futbol, de atletas con medallas olímpicas, que obligan a la bandera nacional a subir una y otra vez al mástil. Puestos a ser patriotas, ése es el mejor homenaje que hoy da prestigio a la bandera de un país moderno, no los desfiles ni las palabras altisonantes, que son baratas, y menos aún que ondee sobre una carnicería. En las gradas de los estadios hay una juventud que ha tomado ya muchas proteínas, que viaja, estudia, hace deporte o revienta en las noches del fin de semana en las discotecas, pero que en todo caso está ya muy lejos de las cazuelas de pajaritos fritos de las tabernas taurinas y del pringue del desolladero. Vista desde las gradas de los estadios, desde las aulas y los laboratorios, desde los campos de deporte donde los jóvenes sueñan con el éxito profesional o con conseguir un récord deportivo, la corrida de toros aparece como una antigualla sangrienta, propia de un pueblo insensible que aún se regodea con la violencia. Este espectáculo baja varios niveles más en la degradación cuando abandona las plazas oficiales y se convierte en capeas populares con toros de fuego, ensogados, alanceados, sometidos a todas las miserias que se le ocurren a unos mozos en honor a su santa patrona. El toro no es una fiera, no como carne, pero ha tenido mala suerte en España. Estos días se ha hecho público el propósito de presentar ante el Parlament de la Generalitat de Catalunya dos proposiciones de ley para prohibir la fiesta de los toros en su territorio. Si esta iniciativa prospera no habrá que verla como un paso más en su lucha por la independencia, sino como una prueba de que Catalunya es un pueblo evolucionado, que tira del resto de España hacia la modernidad.

Perdedor - Manuel Vicent (2.006)

Frente al nuevo diseño de los jóvenes españoles que estudian en las universidades de Europa y Norteamérica, que viajan por todo el mundo e imponen la evidencia de pertenecer a un país moderno y lleno de vitalidad, existen actitudes castizas, que le dan a España un aire rancio todavía. Esa dicotomía se ha visto muy clara entre los hinchas del equipo nacional en el Mundial de fútbol en Alemania. Esta vez la bandera española, cuya asta ha servido en muchas ocasiones para aplastar el cráneo de los demócratas, ha cohesionado el entusiamo general en los momentos de triunfo. Todos los hinchas sin distinción de origen, edad e ideología gritaban y bailaban dentro de la misma euforia. Al ver las oleadas de jóvenes alegres, bravos, ruidosos, bien alimentados, con la cara pintada con los colores de la tribu, uno imaginaba en ellos a las nuevas generaciones de españoles, equiparables con ventaja a las del país europeo más avanzado. Pero he aquí que en medio de tanto esplendor en la hierba estaba el ineludible Manolo el del Bombo, como portador de los valores eternos del tocino de la patria. Y para hacer el asunto aún más siniestro algunos aficionados al fútbol iban disfrazados de toreros, otros seguidores llevaban puesta la montera y por todas partes se veían banderas españolas con la figura estampada de un toro negro. Ignoro si ese morlaco representa la bravura de nuestros jugadores o el destino del equipo contrario, al que se espera estoquear. En todo caso conviene recordar que el toro de lidia en España es un perdedor nato. Para empezar este animal sale a la arena convenientemente manipulado, drogado, afeitado y deslomado. Debido a eso se suele caer muchas veces durante la faena y hay que levantarlo tirándole del rabo. Sin duda, el toro es un animal noble y muy bello, que al principio sale a la plaza queriendo comerse al mundo, pero a los diez minutos ya se ha convertido en una piltrafa. Cuando en cualquier manifestación política o deportiva veo banderas españolas con la estampa del toro de lidia no pienso en ningún triunfo, en ninguna hazaña, sino en las imágenes que conducen a una inminente derrota, en la suerte de varas, en las sucesivas estocadas y descabellos, en el verduguillo y en el arrastre bajo un clamor de insultos. Hay que sacudirse esa suerte de encima. Si un día desaparece el casticismo de Manolo el del Bombo y los símbolos taurinos pasan al desván de nuestra historia, el equipo nacional alcanzará la modernidad, que es la primera gran victoria.

Más toros - Manuel Vicent (2.008)

Muchos admiradores de Joaquín Sabina y de Joan Manuel Serrat quedaron pasmados al verlos una tarde sentados en una barrera de la plaza de toros de Barcelona durante una corrida. En esta vida hay cosas que no encajan por muchas vueltas que les des. Uno puede imaginar a Serrat aplaudiendo a Pau Gasol o a Rafa Nadal y oír a continuaciónParaules d'amor sin que se te rompa ningún esquema. Pero la profunda sensibilidad de esa canción está a mil años luz de un puyazo que hace correr la sangre del toro hasta la pezuña. A Serrat se le puede perdonar esta caída, dado el amor que se le tiene, siempre que sea por una vez y no más. Tampoco Sabina tiene el diseño taurino necesario para hacernos creer que le gusta más el toro en la plaza que en el estofado. Las corridas se dan a pleno sol y con moscas; en cambio, el enorme talento de Sabina es urbano y nocturno. Sus admiradores le verían mejor de madrugada acodado en la barra de un bar frente a una copa, con un cigarrillo en los labios; nunca con gafas negras, un puro en la boca y los antebrazos en la maroma del callejón. ¿Pero, qué diablos hacían estos dos pájaros en una corrida? A esa hora Sabina debería estar durmiendo, como siempre, para tener la noche fresca a su antojo, y Serrat en aquel momento, tal vez, se rascaba mucho porque le picaba todo. La estética de este país está cada día más alejada de esa fiesta. No creo que un torero pueda ser ya un héroe para un español moderno. Pese a la marea de puyazos, mugidos, estocadas, sangre y descabellos que se nos viene encima, ese mundo pertenece al pasado. La inmensa mayoría de los jóvenes españoles, aunque no sean deportistas, prefiere mil veces un enceste de Gasol que ver a un toro vomitando sangre o les emociona más un revés fulgurante de Nadal que contemplar cómo el torero levanta del rabo a la res caída en la arena. Una amiga argentina me llamó muy acongojada por teléfono para decirme que, haciendo zapping, había visto por un canal internacional a Serrat y a Sabina en una corrida de toros aplaudiendo. Le juré por mi honor que no eran ellos. Al final conseguí que se calmara. Después de insistir mucho la convencí de que había sido una pesadilla.

Orgullo local - Elvira Lindo


La palabra orgullo me produce gran desconfianza. Vivimos en los tiempos del orgullo. Local, sexual, nacional, racial, ideológico. Hay gente tan proclive a sentir orgullo que siente hasta el más tontorrón de todos ellos, el orgullo familiar, y repite su apellido como si fuera el del pueblo elegido. No sé cómo una palabra que encierra en sí misma una connotación clarísima de exclusión ha podido hacerse tan popular en los discursos públicos. Miro el diccionario y me sorprende que su definición aún no haya sido contaminada por el uso actual. "Orgullo: arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas". Entiendo que en ocasiones el orgullo ha podido ser un arma contra la discriminación, pero no hay nada más empobrecedor que columpiarse de por vida en él.
Hay un orgullo que practicamos en España de manera peculiarísima: el local. No digo que el orgullo de pertenencia a una tierra sea algo típicamente español, al contrario, está presente hasta en los lugares más horrendos; lo que convierte nuestro orgullo en algo original es que no tiene ninguna consecuencia práctica. La gente ama a su pueblo de manera casi amenazante, y los políticos españoles, conscientes de ese amor arrebatado, hacen de este sentimiento su doctrina. El enigma es que dicha pasión haya sido absolutamente compatible con el destrozo del paisaje rural y urbano. Y no lo considero una responsabilidad exclusivamente política; paseando por Roma o Nápoles se aprecia que, a pesar de Berlusconi, el orgullo local ha servido para conservar los pequeños negocios, lo artesano, la belleza histórica. Al menos el orgullo les ha sido de alguna utilidad.
Y difiero de la Iglesia católica en su vieja creencia en la superioridad del ser humano. ¿Hay alguna razón por la que sentirse orgulloso de no ser un perro?

Desafueros de la libido - Mario Vargas LLosa

El cineasta Roman Polanski fue detenido en Zúrich, durante un Festival de Cine que le rendía un homenaje, por la policía suiza, a pedido de la justicia de Estados Unidos, debido a una violación cometida en 1977 (hace 32 años) en Hollywood, delito que el propio Polanski reconoció, antes de fugarse de California en pleno proceso cuando el tribunal que lo juzgaba aún no había pronunciado sentencia. Ahora, mientras espera que Suiza decida si acepta el pedido de extradición, se multiplican las protestas de cineastas, actores, actrices, intelectuales y escritores de Europa y América por el "atropello", exigiendo su liberación. La moral de la historia es clara: emboscar, emborrachar, drogar y violar a una niña de 13 años, que es lo que hizo Polanski con su víctima, Samantha Geimer, a la que atrajo a la casa deshabitada de Jack Nicholson con el pretexto de fotografiarla, es tolerable si quien comete el desafuero no es un hombrecillo del montón sino un creador de probado talento (Polanski lo es, sin la menor duda)

Uno de los defensores más ruidosos del cineasta polaco-francés (tiene ambas nacionalidades) ha sido el ministro de Cultura de Francia, señor Frédéric Mitterrand, sobrino del presidente François Mitterrand y ex socialista que abandonó las filas de este partido cuando el presidente Nicolas Sarkozy lo llamó a formar parte de su Gobierno. No sospechaba el ministro que poco después de formular aquella enérgica protesta se vería en el corazón de una tormenta mediática parecida a la del realizador de El cuchillo en el agua y El pianista.

En efecto, hace pocos días, la hija del líder del Front Nacional, Jean Marie Le Pen, Marine Le Pen, inició una ofensiva política contra el ministro Mitterrand, recordando que en 2005 éste publicó un libro autobiográfico, La Mauvaise vie (La mala vida), en el que confesaba haber viajado a Tailandia en pos de los chicos jóvenes de los prostíbulos de Patpong, en Bangkok. La confesión, muy explícita, venía adornada de consideraciones inquietantes, por decir lo menos, sobre los efectos turbadores que la industria sexual de adolescentes en el país asiático provocaba en el autor: "Todo ese ritual de feria de efebos, de mercado de esclavos, me excita enormemente". La hija del líder ultra francés, y algunos diputados socialistas, unidos por una vez con este motivo, se preguntaban si era adecuado que fuera ministro de Cultura de Francia alguien que, con su conducta, desmentía de manera categórica los declarados empeños del Gobierno francés por erradicar de Europa el "turismo sexual" hacia los países del Tercer Mundo como Tailandia donde la prostitución infantil, una verdadera plaga, golpea de manera inmisericorde sobre todo a los pobres.

El ministro Mitterrand, sin dejarse arredrar por lo que él y sus defensores consideran una conjura de la extrema derecha fascista y un puñado de resentidos del Partido Socialista, compareció en la hora punta de la Televisión Francesa. Explicó que "había cometido un error, no un delito" y que, naturalmente, no pensaba renunciar porque "recibir barro de la ultraderecha es un honor". Aseguró que no practica la pedofilia y que los chicos tailandeses de cuyos servicios sexuales disfrutó ya no eran niños. "¿Y cómo sabía usted, señor ministro, que no eran menores de edad?", le preguntó la entrevistadora. Desconcertado, el señor Frédéric Mitterrand optó por explicar a los televidentes la diferencia semántica entre homosexualidad y pedofilia.

La defensa que han hecho políticos e intelectuales franceses del ministro de Cultura se parece mucho a la que ha cerrado filas detrás de Polanski, y hermana también, cosa significativa, como a los críticos, a gente de la derecha y la izquierda. Se recuerda que, cuando el libro salió, el propio presidente Sarkozy alabó la franqueza con que el señor Mitterrand exponía a la luz pública los caprichos de su libido, y afirmó: "Es un libro valiente y escrito con talento". Con todo este chisporroteo periodístico en torno a él, es seguro que La Mauvaise vie (La mala vida) se convertirá pronto en un best-seller. Tal vez no obtenga el Prix Goncourt, pero quién puede poner en duda que lo leerán hasta las piedras. Nadie parece haberse preguntado, en todo este trajín dialéctico, qué pensarían en Francia de un ministro tailandés que confesara su predilección por los adolescentes franceses a los que vendría a sodomizar (o a ser sodomizado por ellos) de vez en cuando en las calles y antros pecaminosos de la Ciudad Luz. Moral de la historia: está bien practicar la pedofilia y fantasías equivalentes siempre que se trate de un escritor franco y talentoso y los chicos en cuestión sean exóticos y subdesarrollados.

Comparado con el cineasta Polanski y el ministro Mitterrand, el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, es, en materia sexual, un ortodoxo y un patriota. A él lo que le gusta, tratándose de la cama, son las mujeres hechas y derechas y sus compatriotas, es decir, que sean italianas. Él ha hecho algo que de alguna manera lo emparienta con los 12 Césares de la decadencia y sus extravagancias descritas por Suetonio: llenar de profesionales del sexo no sólo su suntuosa residencia de Cerdeña llamada Villa Certosa sino, también, el Palacio que es la residencia oficial de la jefatura de Gobierno, en Roma. Los entreveros sexuales colectivos y seudo paganos que propicia han dado la vuelta al mundo gracias al fotógrafo Antonello Zappadu, que los documentó y vendió por doquier. Al estadista le gustaba disfrutar en compañía y en una de esas extraordinarias fotografías de Villa Certosa ha quedado inmortalizado el ex primer ministro checo, Mirek Topolanek, quien, de visita en Italia, fue invitado por su anfitrión a una de aquellas bacanales, donde aparece dando un salto simiesco, desnudo como un pez y con sus atributos viriles en furibundo estado de erección (¿lanzaba al mismo tiempo el alarido de Tarzán?), entre dos ninfas, también en cueros. ¿La moraleja en este caso? Que si usted es uno de los hombres más ricos de Italia, dueño de un imperio mediático, y un político que ha ganado tres elecciones con mayorías inequívocas, puede darse el lujo de hacer lo que a sus gónadas les dé la reverendísima gana.

Hablar de escándalo en estos tres casos sería impropio. Sólo hay escándalo cuando existe un sistema moral vulnerado por el hecho escandaloso. Eso es lo que subleva a toda o parte de la sociedad. Lo que vemos, en estos episodios, es más bien el eclipse de toda moral, simples espectáculos, utilizados, por quienes los defienden o los condenan, no en nombre de principios y valores sobre los que existiría alguna forma de consenso social, sino de intereses políticos, reflejos condicionados ideológicos, frivolidad y una chismografía mediática que los redime de toda connotación ética y los convierte en diversión para el gran público. Para la cultura imperante, sólo es lícito condenarlos desde un punto de vista estético y sostener, sin caer en el ridículo, que es una vulgaridad violar niñas, ir a Tailandia como hace la plebe a alquilar muchachos y contratar hetairas para las fiestas palaciegas ¡y luego hacerlas candidatas al Parlamento Europeo! Todo eso revela mal gusto, una imaginación sexual burda y cochambrosa.

La generación a la que pertenezco dio varias batallas: por la revolución, el comunismo, la emancipación de la mujer, la libertad religiosa y la libertad sexual. Parecía que, habiendo perdido todas las otras, por lo menos en Occidente habíamos ganado esta última. Episodios como los que resumo en esta nota muestran que creer semejante cosa es una ilusión. ¿Qué clase de libertad sexual hay detrás de las villanías de este trío? Abusar de una niña de 13 años, gozar con adolescentes que son esclavos sexuales por culpa del hambre y la violencia y convertir en un burdel el poder al que se ha llegado mediante el voto de millones de ingenuos, son acciones que hacen escarnio de la libertad que precisamente clama porque en la vida sexual desaparezca esa relación de amo y esclavo que, en estos tres casos, se manifiesta de manera flagrante. La libertad sexual es en ellos una patente de corso que permite a quienes tienen fama, dinero o poder, materializar de manera impune sus deseos degradando a los más débiles. Apuesto mi cabeza que los tres héroes de estas historias reprobaron escandalizados las violaciones y abusos sexuales de niños en los colegios religiosos que han llevado al borde de la ruina a la Iglesia Católica en países como Estados Unidos e Irlanda, por las sumas enormes con que han debido compensar a las víctimas. Ni ellos ni sus defensores parecen conscientes de que sus proezas son todavía menos excusables que las de los curas pedófilos por la posición de privilegio que tienen y de la que abusaron, envileciendo con sus actos la noción misma de libertad. Cuánta razón tenía Georges Bataille cuando pronosticaba que la supuesta sociedad "permisiva" serviría para acabar con el erotismo pero no con la brutalidad sexual. es el principio de mi entrada.

Toreros - Manuel Vicent (2.009)

El arte consiste en representar plásticamente en un cuadro, como lo hizo Goya, ese momento en que el toro entra al caballo y el picador escarba con la puya en el morrillo para inferirle una herida cuya sangre le llegará a la pezuña. El arte consiste en pintar esa brutalidad, pero no en realizarla. Para ejecutar ese acto en vivo sólo hay que tener fuerza y destreza. El arte consiste en llevar al lienzo de forma magistral ese momento en que un paisano le mete la faca en la tripa al caballo de un mameluco un 2 de mayo o captar al día siguiente esa fracción de segundo en que un rebelde abre los brazos ante la descarga de plomo en los desmontes de la Moncloa al ser fusilado por los franceses. Aunque ese paisano, llevado por la cólera, clavara con habilidad la faca hasta el puño y el pelotón abriera fuego a su cabeza con absoluta exactitud, no por eso los llamaremos artistas. Hay mucha gente que hace las cosas bien. Freír buñuelos ¿es un arte o un oficio? Llamar arte a la destreza de pasarse a un toro por la tripa manipulando una tela es un despropósito, por mucho que los aficionados valoren esos lances, y al despropósito se añade la degradación e incluso la ignominia si el ministerio de Cultura equipara ese oficio a la labor de los poetas, pintores, músicos, bailarines o actores insignes, premiando cada año con una medalla similar al torero de turno. Recientemente ha habido un pique entre matadores. Dos de ellos, que se creen ese cuento, han devuelto la medalla al ministro de Cultura, al sentirse agraviados en su arte porque también le ha sido concedido a un colega mediocre cuya fama se debe sólo a la prensa del corazón. A lo largo de la historia la cultura en España ha sufrido una continua humillación a través de la incuria popular, la falta de medios y el desinterés de los políticos, pero ninguna caída es comparable al hecho de que el ministerio haya elevado oficialmente a la categoría de arte la tortura de un animal, que se ofrece al público como espectáculo. No son estos toreros celosos, sino los pintores, músicos, actores y poetas premiados quienes deberían remitir a la ministra de Cultura la medalla ahora degradada al tener que compartirla con el oficio de sacrificar toros diestramente a navajazos.

Lo bueno y lo malo del sexo - Rosa Montero



Lo bueno y lo malo del sexo es que nunca es simple sexo, sino que es un verdadero mito. El Diccionario de la Real Academia dice que un mito es una “persona o cosa rodeada de extraordinaria estima”, y también una “persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen”. Y coincidirán conmigo en que ambas definiciones vienen pintiparadas para el sexo. De niños, de adolescentes, antes de catarlo, el sexo es algo legendario, un misterio mayúsculo rodeado de luces y de sombras. Y la cosa es que, después de probarlo, el sexo suele seguir siendo un territorio enigmático e impreciso.
Y es que, por lo general, la gente no habla del sexo. De su sexo. De lo que hace en la cama. O si habla, miente. Muchas de las tópicas francachelas de tipos machistas contando lo que han hecho con tal o cual chica son puras fantasías, como el pescador que relata la vez que atrapó un gran tiburón. La falta de veracidad y de transparencia hace que muchas personas sientan inseguridad con respecto a su actividad amatoria. Dudan de si lo hacen bien o lo hacen mal. Sobre todo en un mundo como el nuestro, en el que estamos bombardeados por imágenes de sexo virtual, desde la televisión hasta las revistas, desde el cine hasta la literatura. A falta de testimonios fiables verdaderos, medimos nuestra intimidad con ese sexo, con esas representaciones artificiales, y puede parecernos que lo nuestro no llega a ser tan… perfecto, tan exagerado, tan circense.

Este artículo se me ha ocurrido, precisamente, leyendo la última novela de Benjamin Black, el seudónimo con el que el escritor irlandés John Banville se dedica a publicar novelas negras. En este libro de Black, El otro nombre de Laura (Alfaguara), el protagonista dice que súbitamente recordó a Delia, su mujer fallecida, antes de que se casaran: “La vio alejarse de él, vestida sólo con unas sandalias de tacón alto y un collar de perlas, y volviéndose a mirarlo por encima del hombro con esa sonrisa gatuna que tenía, un mínimo trocito de lengua asomando entre los labios pintados de un rojo intenso”. Vaya, hombre, qué escena tan decorativamente erótica. ¿Pasa mucho en la vida real de la gente que las mujeres deambulen por la casa en pelotas, con sus sandalias (no podían ser zapatos cerrados) de taconazos, sus collares de perlas, su perfecto escorzo, sus labios ensangrentados de carmín? Qué quieres que te diga, Banville, Black, corazón, esta imagen tan falsa parece calcada de un antiguo calendario de Playboy con ínfulas de sexo elegante, más que de la densa y sudada realidad, de la carne y la tibieza y el olor envolvente.
Sí, desde luego: la sexualidad de mentira que vemos en los libros o las películas puede hacer mucho daño. Ya lo decía Elvira Lindo en su estupenda novela Una palabra tuya (Seix Barral), cuando la barrendera protagonista comenta que hacer el amor en un retrete es algo muy cutre “a no ser que seas como Mickey Rourke en Nueve semanas y media, capaz de echar un polvo de pie contra los azulejos, sujetando a una tía a pelo y encima moviendo las caderas, pero me temo que no es el caso, porque las personas que vivimos en la vida normal no estamos hechas para semejantes acrobacias y, desde luego, cuando un tío ha de sostener a una tía en volandas digo yo que es imposible que pueda concentrarse a nivel sexual, o estás a una cosa o estás a otra”. Tiene razón la genial y barriobajera protagonista de Lindo, con el agravante de que hay amantes, ellos y ellas, que se empeñan en hacer esas acrobacias y otras muchas que han visto por ahí. Y algunos, siendo jóvenes y teniendo buena forma física, tal vez consigan ejecutar esos números tan vistosos y difíciles, tal vez logren imitar las escenas de las películas, pero con el coste de convertir el sexo en algo mucho más relacionado con la gimnasia que con la magnesia, por así decirlo. En un acto muy esforzado y meritorio, pero poco sustancioso de verdad.
La verdad es que si lees literatura erótica y ves vídeos porno llegas a la conclusión de que toda esa supuesta e infinita variedad de juegos sexuales es en realidad siempre lo mismo, algo muy repetitivo, muy rutinario, pura gimnasia sueca. De manera que supongo que lo mejor es no dejarse deslumbrar por los otros. Por lo que ves, por lo que lees, por lo que oyes. El sexo, ese mito inefable, es una aventura personal, un viaje de descubrimiento particular. Sólo tú podrás encontrar tu propio camino hacia las fuentes del Nilo. Que, por cierto, no están en los genitales, sino en el interior de nuestras cabezas.

http://www.elpais.com/articulo/portada/buenoy/malo/sexo/elpepusoceps/20090503elpepspor_10/Tes

El caso del matrimonio forzoso - Marc Carrillo

La forma democrática de Gobierno se basa en el respeto a los derechos humanos y la dignidad de la persona como requisitos ineludibles. El valor constitucional del pluralismo demanda que nadie pueda ser discriminado, como establece el artículo 14 de la Constitución española, por razón de nacimiento, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal.
Una consecuencia de ello es, por ejemplo, que el Estado democrático se funda en la tolerancia hacia la diversidad cultural que expresan los ciudadanos, como titulares de derechos fundamentales. Pero la tolerancia no es indiferencia. Y el respeto a las tradiciones que se cristalizan en los comportamientos humanos en una sociedad multicultural no es ni puede ser ilimitado. La garantía de los derechos humanos es una frontera infranqueable, de lo contrario el Estado democrático perdería su identidad.

El tema es de actualidad. Una mujer mauritana ha sido condenada por un tribunal español por haber casado a su hija a los 14 años y haberla forzado a mantener relaciones sexuales con un hombre de 40 años. La joven denunció a sus padres, residentes en España, por haberla obligado a ir a Mauritania para casarse y después, de vuelta a su domicilio en Cádiz, repetir la experiencia con un marido 26 años mayor que ella. La condena ha sido por la comisión de los delitos de agresión sexual, coacciones y amenazas. La mujer mauritana ha pedido respeto para sus tradiciones. Y sus compatriotas han reclamado lo mismo ante la puerta del órgano judicial, afirmando que: "Os respetamos en nuestra tierra. Respetadnos en vuestra tierra".

Pero resulta que obligar a una menor de edad a casarse y mantener relaciones sexuales, en el Estado democrático es una vulneración de un derecho humano básico, es un atentado flagrante a la libertad de la persona, es un delito. Y ante ello no hay tradición que pueda oponerse. El Estado no puede permanecer indiferente a lo que ocurre en su territorio, sino que ha de ser beligerante en defensa de la dignidad de las personas. En este sentido, las reglas privadas de la comunidad familiar nunca pueden prevalecer si la libertad del individuo está en peligro.

Este caso y otros, como la ablación del clítoris, o la negativa de ciertas familias inmigrantes a escolarizar a sus hijas adolescentes, o el reciente ocurrido en Francia de no alimentar por razones religiosas a los hijos para purificarlos, plantean la cuestión de cuál ha de ser la respuesta de los poderes públicos ante estos comportamientos o, más aún, cuál ha de ser el grado de tolerancia del Estado ante determinadas tradiciones.

Es evidente que tradiciones culturales o religiosas como las descritas colisionan con los valores de libertad e igualdad, que el Estado en una sociedad democrática ha de amparar sin distinción de nacionalidades. El hecho de que los ejemplos expuestos sean protagonizados por personas procedentes de la inmigración, como consecuencia de ciertas singularidades culturales, no puede suponer para los poderes públicos el establecimiento de distinción alguna respecto de otros comportamientos igualmente lesivos para la dignidad humana. Por ejemplo, en nuestro contexto más próximo, los lacerantes casos de violencia doméstica, la oposición de sectas religiosas a las transfusiones de sangre, o el sectarismo moral del que hacen gala otras sectas más sibilinas con los enfermos terminales.

La inmigración que viene a la Unión Europea y a Estados Unidos en busca de un lugar en el sol es esencialmente económica. Un sol, el de los países desarrollados, estructuralmente hegemónico y no siempre justo, pero donde los derechos de las minorías han de ser en todo caso respetados, en un contexto de integración a valores y principios democráticos básicos. Un contexto que ha de ayudar a superar situaciones de injusticia social y rémora moral. Por esta razón, el respeto que el Estado democrático de acogida debe garantizar a las señas de identidad de las minorías religiosas o culturales no puede hacerse sacrificando valores democráticos intangibles como la dignidad o la libertad de la persona.

El Estado no puede caer en una especie de paternalismo que, por mor de un exacerbado respeto a la multiculturalidad o la singularidad identitaria, permita comportamientos como los descritos. La democracia ha de servir para liberar personal y socialmente al individuo, no para explotarlo económicamente y mantenerlo ligado a referentes morales retrógrados.

El caso de la mujer mauritana y el respeto que sus compatriotas demandaban a sus tradiciones es un supuesto de diversidad cultural que el Estado democrático no puede tolerar. La necesaria garantía de la diversidad no alcanza a legitimar el establecimiento de un sistema jurídico alternativo, que proteja supuestos derechos naturales incontrovertibles fruto de la tradición.

El Estado no puede cobijar una diversidad moral en beneficio de valores que solamente procuren la subordinación y la alienación social. Frente a ello, los valores que son expresión de la racionalidad democrática han de ser un perímetro insuperable.

Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra.

¿Porqué debería respetar esas religiones opresivas? - Johann Hari

Siempre que se critica una creencia religiosa, sus adeptos dicen ser víctimas de los “prejuicios”

Traducción por:
hiroko y Mario Pena

Poco a poco el derecho a criticar la religión se disuelve en la nada. En todo el mundo, los pequeños avances del secularismo -el que nos proporciona espacio para dudar, para preguntar, para componer nuestras propias ideas- se ven reducidos por demandas beligerantes de “respeto” para la religión. Acaba de registrarse un hito histórico que nos muestra hasta dónde nos han empujado. El Comisionado de la ONU supuesto guardián global de la libertad de expresión, ha visto redefinidas sus funciones… para ponerle del lado de los censores religiosos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos estableció hace 60 años que “un mundo en el que los seres humanos disfruten de libertad de expresión y de creencias, es la más alta aspiración del pueblo”. Era una Carta Magna para la humanidad - y detestada por quienes violan los derechos humanos. Hoy, la dictadura china lo llama “occidental”, Robert Mugabe “colonialista”, y Dick Cheney “anticuada”. Los paises del mundo han sido cronicamente incapaces de ponerla en práctica - pero el documento se ha mantenido por las Naciones Unidas como el último estándar contra el cual medirnos a nosotros mismos. Hasta ahora.

Comenzando en 1999, una coalición de tiranos islamistas, liderados por Arabia Saudí, exigieron que las normas fueran reescritas. Decidieron que la demanda de que cualquiera fuera capaz de pensar y hablar libremente fallaba a la hora de “respetar” las “sensibilidades únicas” de los religiosos - por lo que establecieron una Declaración Islámica de los Derechos Humanos alternativa. Insistía en que únicamente puedes hablar dentro de “los límites de la [ley] shariah. No está permitido difundir o diseminar falsedades que conlleven la abominación o la traición a la comunidad islámica”.

En otras palabras, puedes decir lo que quieras, siempre que sea precisamente aquello que los reaccionarios mulás te cuentan que digas. Esta declaración deja claro que no existe igualdad para las mujeres, homosexuales, no musulmanes o apostatas. Ha sido respaldada por el Vaticano y un conjunto de fundamentalistas cristianos.

Increiblemente, están teniendo éxito. Al relator de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos le ha sido encomendado la labor de exponer y poner en evidencia aquellos que impiden la libertad de expresión; incluyendo lo religioso. Pero el delegado pakistaní demandó recientemente que en la descripción de su trabajo fuera cambiada de tal manera que pueda buscar y condenar “abusos de libertad de expresión” incluyendo “la difamación hacia las religiones y los profetas”. El consejo estuvo de acuerdo; así que el trabajo ha dado la vuelta. En lugar de condenar a ls personas que querían asesinar a Salman Rushdie, tendrán que condenar al mismo Salman Rushdie.

Ya no está permitido que cualquier cosa que pueda ser considerada “religiosa” sea sujeto de discusión en las Naciones Unidas; y prácticamente cualquier cosa puede considerarse religiosa. Roy Brown, de la Unión Internacional de Humanista y Ética trató de proponer temas como la lapidación de mujeres acusadas de adulterio, o el matrimonio infantil. El delegado egipcio se puso en pie para anunciar que la discusión de la shariah “no iba a producirse” y que “el Islam no sería crucificado en ese consejo”; y a Brown se le ordenó silencio. Por supuesto, las primeras víctimas de encerrar la libertad de expresión entorno al Islám, con el permiso de Naciones Unidas, son musulmanes ordinarios.

He aquí una serie de nociones aleatorias de la pasada semana en países que han demandado este cambio. En Nigeria, mujeres divorciadas son arrojadas de forma rutinaria de sus casas y privadas de todo, impedidas de ver a sus propios hijos, así que un gran grupo de ellas quisieron elevar una protesta; pero la policía de la Sharia declaró que era “anti islámico” y que los manifestantes serían golpeados y flagelados. En Arabia Saudí, el mayor alto rango del gobierno aprobó lo dicho por un clérido en el sentido de que era perfectamente aceptable que hombre mayores se casaran con niñas de 10 años, y que aquellos que no estuvieran de acuerdo fueran silenciados. En Egipto, el blogger musulman Abdel Rahman fue capturado, encarcelado y torturado por discutir sobre lograr un Islam reformado que no impusiera la shariah.

A la gente que demanda respeto por la cultura musulamana, le pregunto: ¿Qué cultura musulmana? ¿La de esas mujeres o sus hijos, la de los bloggers, o la de sus opresores?

Tal y como el defensor del secularismo establece: “El auténtico objetivo de estos esfuerzos no es del proteger los sentimientos de los musulmanes, sino el proteger estados Islámicos anti liberales de cargos por abusos contra los derechos humanos, y para silenciar las voces de aquellos disidentes internos que piden más gobierno secular y libertad.”

Aquellos de nosotros con con mayor pasión apoyamos a las Naciones Unidas deberíamos estár completamente escandalizados por todo esto.

Apoyando estas “reformas” se dan unas nociones que se filtran incluso en las sociedades democráticas, en el sentido de que el ateismo y la duda son semejantes al racismo. Hoy tan pronto como una creencia religiosa es criticada, sus adeptos dicen ser víctimas de los “prejuicios”, y su escándalo está siendo incrementalmente apoyado por leyes.

Todas las personas merecen respeto, pero no así todas las ideas. Yo no respeto la idea de que un hombre naciera de una virgen, anduviera sobre el agua y resucitara de entre los muertos. No respeto la idea de que deberíamos seguir a un “profeta” que a la edad de 53 mantuviera relaciones sexuales con una niña de nueve años, y ordenara el asesinato de pueblos enteros de judios porque no quisieron seguirle.

No respeto la idea de que el West Bank fuera dado a los judios por Dios y que los palestinos tengan que ser bombardeados o intimidados en sus márgenes. No respeto la idea de que hayamos vivido previamente como cabras, y que podríamos volver a vivir como cochinillas. Y esto no es debido a “prejuicios” o “ignorancia”, si no más bien porque no existe evidencia alguna que soporte estas reivindicaciones. Pertenecen más bien a la infancia de nuestra especie, y con el tiempo parecerán tan absurdas como creer en Zeuis, Thor o Baal.

Cuando demandas “respeto”, demandas que te mintamos. Tengo demasiado respeto real hacia ti como ser humano como para participar en esta charada.

Pero ¿porqué son las sensibilidades religiosas más propensas a provocar demandas de censura que, por ejemplo, las sensibilidades políticas? La respuesta reside en la propia naturaleza de la fe. Si mis opiniones son desafiadas puedo, al final, contrastarlas contra la realidad. Si se desregulan los mercados, ¿se colapasarán? Si incrementamos las emisiones de dióxido de carbono, ¿se desestabilizará el clima? Si mis opiniones están equivocadas, puedo corregirlas; si estoy en lo correcto, quedo reconfortado.

Pero cuando lo religioso es desafiado, no existe evidencia alguna que puedan consultar. Por definición, si tienes fe, estás eligiendo creer en ausencia de evidencia. Nadie tiene “fe” en que el fuego hiere, o que Australia existe; lo saben, basados en las pruebas. Sin embargo es psicológicamente doloroso ser confrontado con el hecho de que tus creencias centrales se basan en el fino aire, o en las vacías cáscaras de la revelación o en desfiguradas parodias de la razón. Es más fácil demandar que se silencie la fuente de la molesta duda.

Pero una sociedad libre no se puede estructurar para confortar al fiel duro. Se basa en un trato. Tienes todo el derecho de expresar tus creencias; pero el precio es que yo también tengo el derecho a responder tal y como desee. Ninguno de los dos podemos poner al margen las reglas y exigir ser protegidos de ofensas.

Ahora bien, esta idea, en el corazón de la Declaración Universal, se está perdiendo. Por un extremo golpea en la apología por la censura religiosa, por el otro se disuelve en el multiculturalismo. El secuestro del Relator Especial de la ONU por fanáticos religiosos debería impulsarnos a rescatar lo simple, la golpeada idea que se desintegra en el medio: lo igual, el indivisible derecho humano de hablar libremente.


http://www.johannhari.com
http://richarddawkins.net
http://www.independent.co.uk

Difamar las religiones - Soledad Gallego Díaz

El relator de Naciones Unidas para seguimiento de la conferencia de Durban sobre racismo, xenofobia y formas conexas de intolerancia, el senegalés Doudou Diène, ha preparado un informe, que se empezará a discutir mañana, día 20, en Ginebra, en el que llama la atención sobre el fenómeno de "difamación de las religiones" y se alarma ante la expansión de una cultura contraria a la religión, que considera una de las principales fuentes de discriminación contra los creyentes y practicantes.
"La lucha contra la discriminación religiosa requiere un enfoque categórico centrado en la prevención de la difamación de las religiones", afirma. Se comprende que Naciones Unidas quiera acabar con el trato desigual entre creyentes y no creyentes, que exija igualdad de derechos y de obligaciones legales para unos y otros, que pida respeto a la libertad de expresión, de creencias y de culto religioso, pero no que considere su obligación proteger a las religiones de cualquier pérdida de estimación pública. ¿Por qué?
Difamar significa desacreditar a una persona, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena fama. En principio, debería ser aplicable sólo a personas y no a teorías políticas, religiones u otro tipo de creencias, porque ¿qué razón puede haber para que se considere incorrecto o peligroso el intento de desprestigiar ideas o creencias? ¿No se puede desacreditar la superstición, no se debe pelear por la pérdida de estimación pública de determinadas creencias, de toda índole, política, religiosa o económica? La historia contiene magníficos, y muy saludables, ejemplos de ese tipo de luchas y de los innegables beneficios que reportaron al conjunto de la humanidad.
Lo importante, lo que debería exigir Naciones Unidas, siempre y en toda circunstancia, es el respeto a la libertad de expresión individual, el derecho a la expresión de las personas que se consideran religiosas, practicantes o creyentes de cualquier religión, de manera que estén en condiciones de defender sus ideas en el mismo plano legal que quienes defienden cualesquiera otras (siempre dentro del respeto a la Declaración Universal de Derechos Humanos, por supuesto). Pero la libertad de expresión, como la libertad de creencias, debería amparar también la "difamación de las religiones", caso de que exista semejante concepto.
El documento de Diène contiene una denuncia expresa del fenómeno creciente de la islamofobia, es decir, de la discriminación, prejuicios y trato desigual de que son víctimas, en Occidente, los musulmanes, tanto a título individual como colectivo. La llamada de atención de Diène está plenamente justificada, porque es evidente que, a raíz del 11-S, se somete a los musulmanes a una sospecha generalizada y que se tiende a percibirlos, en bloque y de manera irracional, como enemigos de los valores de la democracia y los derechos humanos.
Pero una cosa es defender el escrupuloso respeto de los derechos individuales de los musulmanes, su derecho a tener mezquitas y a profesar su fe, y otra, impedir que se critiquen sus creencias o, incluso, que se las pueda someter a burla. Los musulmanes tienen todo el derecho del mundo a criticar al catolicismo o al judaísmo, y desde luego, al islamismo, si les da la gana, al igual que los católicos tienen derecho a desacreditar al Vaticano o a Mahoma. Y los humoristas, de cualquier procedencia o creencia, deberían tener derecho a reírse y a ridiculizar las creencias de unos y otros y combatirlas con la sátira y la burla.
Desde ese punto de vista, es francamente peligroso que el relator de Naciones Unidas defienda que el descrédito de las religiones "ofrece la justificación intelectual y la legitimación que sirve de sustento a toda forma de discriminación", porque es más bien él mismo quien está ofreciendo apoyo y sustento a viejas formas de censura. "La renuencia a aceptar la legitimidad de una ética religiosa en las decisiones y debates fundamentales de una sociedad democrática es una muestra de secularismo dogmático que conlleva no sólo el surgimiento de una cultura antirreligiosa, sino también la intolerancia hacia cualquier práctica, expresión o signo religioso", mantiene Diène. Da la impresión de que el experto de Naciones Unidas considera que existe una única ética religiosa, cuando en realidad existen muchas religiones diferentes, con preceptos éticos distintos (y en algunos casos, intolerables). En su afán por denunciar el peligro de un enfrentamiento entre religiones (que siempre han sido sanguinarios e inmisericordes), Naciones Unidas puede estar cayendo en algo igualmente indefendible: proponer que las autoridades públicas participen en la promoción o fomento de las religiones. Una piedra más en el camino de vuelta. 

¿Ni plazos ni indicaciones? José Jiménez Villarejo

El propósito del Gobierno de sustituir, en la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, el sistema de indicaciones incorporado al Código Penal de 1973 por la Ley Orgánica 9/1985 por el de plazo ha provocado una fuerte reacción en los medios más conservadores -significadamente en la Conferencia Episcopal- que parece rebasar el rechazo al sistema anunciado y propugnar la vuelta a la vieja legalidad que definía como delito cualquier supuesto de aborto provocado.

La reacción tiene algo de sorprendente. La aplicación de la norma en que se establecieron los casos de aborto no punible ha sido en estos años relativamente pacífica, aunque no han faltado actuaciones, algunas violentas, de los grupos "provida", y la Conferencia Episcopal, por su parte, no ha perdido ocasión de condenar la restricción que supuso la LO 9/1985 para la protección penal de la vida humana en formación.

La vigencia no demasiado polémica de la norma, unida al hecho de que el Partido Popular, que en su momento se opuso a la reforma legal cuestionando su constitucionalidad, no aprovechase los ocho años que estuvo en el poder para impulsar una contrarreforma, ha podido ser interpretada como prueba de que la moral social dominante en nuestro país ha incorporado una cierta renuncia a la represión penal del aborto, que sería naturalmente compatible con el juicio negativo que el hecho pudiese inspirar en cada caso a la conciencia moral de cada uno. No obstante, como parece que aquella interpretación no está abonada por los acontecimientos que estamos presenciando estos días, me permito exponer cinco puntos que acaso sirvan para situar el debate en coordenadas de racionalidad jurídica.

1. La vida humana en gestación es un valor indiscutible y digno de protección jurídica, pero esto no quiere decir que el nasciturus tenga derecho a nacer. Únicamente la persona es sujeto de derecho y lo que determina la personalidad, en el caso de la persona física, es el nacimiento.

2. Aun mereciendo protección jurídica la vida humana en la fase en que depende orgánicamente de la madre, nunca su protección jurídico-penal ha sido la misma que la otorgada a la vida independiente. Basta recordar que en los Códigos Penales de 1944 y 1973 el aborto producido o consentido por la mujer estaba castigado con la pena de prisión menor -de seis meses y un día a seis años de privación de libertad- en tanto el homicidio lo estaba con la de reclusión menor -de 12 años y un día a 20 años- y el asesinato con la de reclusión mayor a muerte; y la misma pauta diferencial se sigue en el vigente Código Penal de 1995.Equiparar, pues, el aborto al asesinato puede ser una figura retórica útil para suscitar el más apasionado rechazo al primero, pero quien la usa debe tener conciencia de que el recurso carece de todo fundamento en la política criminal seguida invariablemente por el legislador español.

3. La especialísima relación que durante el embarazo se traba entre la mujer y el fruto de la concepción ha determinado que siempre haya sido posible la aparición de un "conflicto de intereses" entre ambos. Un conflicto que en nuestro derecho penal histórico se resolvió normalmente dando prevalencia a la vida en gestación, si bien el que se llamó aborto honoris causa, producido por la mujer o sus padres "para ocultar su deshonra", disfrutó de un tratamiento privilegiado hasta que dicho tipo desapareció con la entrada en vigor del Código Penal de 1995. La pena prevista para esta modalidad de delito de aborto era casi simbólica -de un mes y un día a seis meses de arresto-, lo que suponía la práctica desprotección de la vida dependiente cuando se le oponía un valor que siempre fue discutible y que desde hace mucho tiempo podía ser calificado como hipocresía social, pese a lo cual la norma siguió vigente hasta nuestros días sin que se oyesen en la calle gritos de protesta.

4. La parcial despenalización del aborto acordada por la LO 9/1985 significó la admisión de un nuevo criterio para la solución del conflicto de intereses a que me he referido. Este nuevo criterio descansa en la ponderación del valor no absoluto de la vida humana dependiente con otros valores tampoco absolutos pero vinculados con derechos constitucionales de la mujer a los que se reconoce primacía -los derechos a la vida y a la salud, a la integridad física y moral, a la intimidad y al libre desarrollo de la personalidad, entre otros, y en los que se fundan las tres causas de no punibilidad del aborto que han sido caracterizadas como indicaciones: la terapéutica, la ética y la eugenésica. Las tres fueron declaradas conformes a la Constitución en la sentencia del Tribunal Constitucional 53/1985, por lo que el debate sobre ellas debe considerarse cancelado.

Conviene, sin embargo, poner de manifiesto que en la argumentación de la constitucionalidad de la indicación eugenésica -la probable existencia de graves taras físicas o psíquicas en el feto- el Tribunal Constitucional afirma que el recurso a la sanción penal en este caso "entrañaría la imposición de una conducta que excede de la que normalmente es exigible". Esta admisión de la no exigibilidad de otra conducta como causa generalizable de no punibilidad abre camino, a mi juicio, al reconocimiento del derecho a un cierto nivel de bienestar libre de inseguridades y angustias, que amplía el campo de la no punición.

5. Es precisamente por esto último por lo que me parece que la sustitución del sistema de indicaciones por el de plazo no supondría un cambio sustancial en la legalidad vigente interpretada a la luz de la doctrina constitucional. El sistema de plazo consiste en conceder a la mujer en las primeras semanas del embarazo -12 o 14 según el derecho com-parado- plena autonomía para hacer valer su voluntad contraria a una futura maternidad. En la generalidad de los casos esta voluntad, aun estando ausentes los supuestos que dan lugar a las actuales indicaciones, no suele ser arbitraria; está normalmente condicionada por la previsión de problemas personales, familiares, laborales, etcétera, que se suponen incompatibles con ese mínimo bienestar a que toda persona tiene derecho.

Se trata evidentemente de un derecho difuso pero innegable en una sociedad que, como se dice en el preámbulo de la Constitución, desea "promover el bien de cuantos la integran". Cuando este derecho entra en conflicto con un ser en formación en el que todavía no han aparecido los rasgos más característicos de la vida humana, como son la actividad cerebral y la sensibilidad, cabe sostener que el primero debe prevalecer sin que el efecto necesario de su ejercicio -la producción de un aborto- sea penalmente reprimido. Porque la protección jurídica de la vida humana en esa fase de la gestación no tiene que ser forzosamente penal.

José Jiménez Villarejo es magistrado jubilado del Tribunal Supremo.

 

 

 

Obispos, aborto y castidad - Jesús Mosterín



La actual campaña de la Conferencia Episcopal contra los linces y las mujeres que abortan pone de relieve el patético deterioro de la formación intelectual del clero, que si bien nunca ha sobresalido por su nivel científico, al menos en el pasado era capaz de distinguir el ser en potencia del ser en acto. ¿Dónde quedó la teología escolástica del siglo XIII, que incorporó esas nociones aristotélicas? ¿Qué fue de la sutileza de los cardenales renacentistas? La imagen de deslavazada charlatanería y de enfermiza obsesión antisexual que ofrecen los pronunciamientos de la jerarquía católica no sólo choca con la ciencia y la racionalidad, sino que incluso carece de base o precedente alguno en las enseñanzas que los Evangelios atribuyen a Jesús.
La campaña episcopal se basa en el burdo sofisma de confundir un embrión (o incluso una célula madre) con un hombre. Por eso dicen que abortar es matar a un hombre, cometer un homicidio. El aborto está permitido y liberalizado en Estados Unidos, Francia, Italia, Portugal, Japón, India, China y en tantos otros países en los que el homicidio está prohibido. ¿Será verdad que todos ellos caen en la flagrante contradicción de prohibir y permitir al mismo tiempo el homicidio, como pretenden los agitadores religiosos, o será más bien que el aborto no tiene nada que ver con el homicidio? De hecho, el único motivo para prohibir el aborto es el fundamentalismo religioso. Ninguna otra razón moral, médica, filosófica ni política avala tal proscripción. Donde la Iglesia católica (o el islamismo) no es prepotente y dominante, el aborto está permitido, al menos durante las primeras semanas (14, de promedio).
Una bellota no es un roble. Los cerdos de Jabugo se alimentan de bellotas, no de robles. Y un cajón de bellotas no constituye un robledo. Un roble es un árbol, mientras que una bellota no es un árbol, sino sólo una semilla. Por eso la prohibición de talar los robles no implica la prohibición de recoger sus frutos. Entre el zigoto originario, la bellota y el roble hay una continuidad genealógica celular: la bellota y el roble se han formado mediante sucesivas divisiones celulares (por mitosis) a partir del mismo zigoto. El zigoto, la bellota y el roble constituyen distintas etapas de un mismo organismo. Es lo que Aristóteles expresaba diciendo que la bellota no es un roble de verdad, un roble en acto, sino sólo un roble en potencia, algo que, sin ser un roble, podría llegar a serlo. Una oruga no es una mariposa. Una oruga se arrastra por el suelo, come hojas, carece de alas, no se parece nada a una mariposa ni tiene las propiedades típicas de las mariposas. Incluso hay a quien le encantan las mariposas, pero le dan asco las orugas. Sin embargo, una oruga es una mariposa en potencia.
Cuando el espermatozoide de un hombre fecunda el óvulo maduro de una mujer y los núcleos haploides de ambos gametos se funden para formar un nuevo núcleo diploide, se forma un zigoto que (en circunstancias favorables) puede convertirse en el inicio de un linaje celular humano, de un organismo que pasa por sus diversas etapas de mórula, blástula, embrión, feto y, finalmente, hombre o mujer en acto. Aunque estadios de un desarrollo orgánico sucesivo, el zigoto no es una blástula, y el embrión no es un hombre. Un embrión es un conglomerado celular del tamaño y peso de un renacuajo o una bellota, que vive en un medio líquido y es incapaz por sí mismo de ingerir alimentos, respirar o excretar -no digamos ya de sentir o pensar-, por lo que sólo pervive como parásito interno de su madre, a través de cuyo sistema sanguíneo come, respira y excreta. Este parásito encierra la potencialidad de desarrollarse durante meses hasta llegar a convertirse en un hombre. Es un milagro maravilloso, y la mujer en cuyo seno se produzca puede sentirse realizada y satisfecha. Pero en definitiva es a ella a quien corresponde decidir si es el momento oportuno para realizar milagros en su vientre.
El niño es un anciano en potencia, pero un niño no tiene derecho a la jubilación. Un hombre vivo es un cadáver en potencia, pero no es lo mismo enterrar a un hombre vivo que a un cadáver. A los vegetarianos, a los que les está prohibido comer carne, se les permite comer huevos, porque los huevos no son gallinas, aunque tengan la potencialidad de llegar a serlas. Un embrión no es un hombre, y por tanto eliminar un embrión no es matar a un hombre. El aborto no es un homicidio. Y el uso de células madre en la investigación, tampoco.
Otra falacia consiste en decir que, si los padres de Beethoven hubieran abortado, no habría habido Quinta Sinfonía, y si nuestros padres hubieran abortado el embrión del que surgimos, ahora no existiríamos. Pero si los padres de Beethoven y los nuestros hubieran sido castos, tampoco habría Quinta Sinfonía y tampoco existiríamos nosotros. Si esto es un argumento para prohibir el aborto, también lo es para prohibir la castidad. Pero tanta prohibición supongo que resultaría excesiva incluso para la Iglesia católica. Una de sus múltiples contradicciones estriba en que impone un natalismo salvaje a los demás, mientras a sus propios sacerdotes y monjas les exige el celibato y la castidad absoluta.
Desde luego, la contracepción es mucho mejor que el aborto, pero la Iglesia la prohíbe también (siguiendo en ambos casos al ex-maniqueo Agustín de Hipona, no a Jesús). Tanto el anterior papa Wojtyla como el actual papa Ratzinger se han dedicado a viajar por África y Latinoamérica despotricando contra los preservativos y el aborto, lo que equivale a promover el sida y la miseria. En cualquier caso, la contracepción puede fallar. A veces el embarazo imprevisto será una sorpresa muy agradable. Otras veces, llevarlo a término supondría partir por la mitad la vida de una mujer, arruinar su carrera profesional o incluso traer al mundo un subnormal profundo o un vegetal humanodescerebrado. Sólo a la mujer implicada le es dado juzgar esas graves circunstancias, y no a la caterva arrogante de prelados, jueces, médicos y burócratas empeñados en decidir por ella. El aborto es un trauma. Ninguna mujer lo practica por gusto o a la ligera. Pero la procreación y la maternidad son algo demasiado importante como para dejarlo al albur de un descuido o una violación. El aborto, como el divorcio o los bomberos, se inventó para cuando las cosas fallan.
Muchas parejas anhelan tener hijos, muchas mujeres desean quedar embarazadas y esperan con ilusión el nacimiento de la criatura. El infante querido y deseado suele estar bien alimentado y educado, colmado de cariño y estimulación y (salvo raro defecto genético) su cerebro se desarrolla bien. Por desgracia, el mundo está lleno de madres violadas o forzadas y de niños no deseados, abandonados a la mendicidad y la delincuencia, famélicos, con los cerebros malformados por la carencia alimentaria y la falta de estímulos, carne de cañón de guerrillas crueles y explotaciones prematuras. La jerarquía eclesiástica se ensaña con esas mujeres desgraciadas. El cardenal nicaragüense Obando y Bravo se opuso al aborto terapéutico de una niña de nueve años, violada, enferma y con su vida en peligro. Hace un par de años, la Iglesia de Nicaragua acabó apoyando políticamente al dictador Daniel Ortega a cambio de que éste prohibiese definitivamente el aborto terapéutico. Hace unas semanas el arzobispo Cardoso ha excomulgado en Brasil a la madre de otra niña de nueve años violada por su padrastro y en peligro de muerte por su embarazo doble, así como a los médicos que efectuaron el aborto. En 2007 se hizo famoso el caso de Miss D, una irlandesa de 17 años embarazada con un feto con anencefalia, es decir, sin cerebro ni parte del cráneo, condenado a ser un niño vegetativo, ciego, sordo, irremediablemente inconsciente, incapaz de percibir, pensar ni sentir nada, ni siquiera dolor. Las autoridades impidieron que Miss D fuera a Inglaterra a abortar, aunque más tarde los tribunales anularon la prohibición. Los grupos católicos fanáticos presionan para que se impida a las irlandesas que viajen a Inglaterra a abortar, lo que choca con la legislación comunitaria, que garantiza la libertad de movimientos en la UE.
En España misma, el año pasado, una mujer preñada de un feto con holoprosencefalia, condenado a morir al nacer o a vivir como vegetal, tuvo que ir a Francia a abortar. El derecho a abortar es para muchas mujeres más importante que el derecho a votar en las elecciones, y ha de serles reconocido incluso por aquellos que personalmente jamás abortarían. En 1985 se aprobó la reforma del Código Penal para cumplir a medias y mal el programa electoral del PSOE. Desde entonces, tanto los Gobiernos de Felipe González como de Zapatero se han dedicado a marear la perdiz, diciendo que no era el momento oportuno y que había que esperar a que los obispos dejasen de vociferar. Pero los obispos nunca van a dejar de vociferar. Después de 24 años de remilgos, espero que los socialistas se decidan finalmente a liberalizar el aborto dentro de las primeras semanas del embarazo. Tampoco hace falta ser tan progre para ello. Margaret Thatcher lo tenía ya perfectamente asumido hace 30 años.
Jesús Mosterín es profesor de Investigación en el Instituto de Filosofía del CSIC.


Retrocede la religión en EEUU, con 15% de agnósticos y ateos

Cada vez más estadounidenses se definen como agnósticos o ateos, y actualmente son 15% de los adultos, cifra que se ha duplicado desde 1990, en un país donde 76% de los ciudadanos se dicen cristianos y en el que los evangélicos son siempre más numerosos, según un estudio universitario.

La investigación sobre 54.000 adultos, conducida por la Universidad Trinity College (Connecticut, noreste) en 2008, es la tercera de este tipo desde 1990. La segunda data de 2001.

El estudio muestra un retroceso del cristianismo: 76% de los estadounidenses se dicen cristianos en 2008, contra 86,2% de 1990.

Los protestantes siguen siendo apenas mayoritarios, con 50,9% de ellos repartidos en varias grandes confesiones (bautista, metodista, luterana), contra 60% de hace 18 años.

Los católicos son la primera comunidad religiosa en constante progresión numérica, a causa de la inmigración hispana (57 millones en 2008 contra 46 millones en 1990), aunque en proporción también muestran un ligero retroceso de 25,1% contra 26,2%.Los católicos, tradicionalmente mayoritarios en el noreste debido a la histórica inmigración irlandesa -en particular en Massachusetts, Connecticut y Rhode Island- vieron reducido su número notablemente en esta región: 36% de los adultos respecto a 50% en 1990.

En cambio, en el oeste la influencia de los católicos es muy clara. Su porcentaje aumentó en Texas a 32% (respecto a 23% en 1990) y 37% en California (respecto a 29%).

"Esta caída del catolicismo en el noreste es asombrosa. Pero gracias a la inmigración y al crecimiento natural de la población hispana, California es ahora más católica proporcionalmente que Nueva Inglaterra", señala Garry Kosmin, uno de los autores de este estudio.

La tradición protestante evangélica, muy cercana a la Biblia y que comprende a anabautistas, menonitas y fieles de la iglesia pentecostal, es la más extendida (34% de los estadounidenses). Esta tendencia se debe al éxito de los "nuevos cristianos" y de las iglesias carismáticas que pasaron de atraer a 200.000 personas en 1990 a los 8 millones que reciben actualmente.

Al mismo tiempo, la religión retrocede a un nivel general: 15% de los estadounidenses no se reconocen en "ninguna religión", lo que representa 4,7 millones de personas entre agnósticos y ateos. Estos dos grupos significaban 8,2% en 1990 y 14,1% en 2001.

"En nuestro estudio de 2001 pensamos que (este aumento de agnósticos) era una anomalía", comentó Ariela Keysar, coatura del estudio. "Ahora sabemos que no es así. El grupo de quienes no se identifican con ninguna religión es el único que aumentó en todas las regiones del país", explicó.

La religión judía también retrocedió al 1,2% de la población, es decir 2,7 millones de personas en 2008 (contra 3,1 millones en 1990). Los musulmanes en cambio aumentaron (0,6% de adultos en 2008 --1,3 millones-- contra 0,3 en 1990 --527.000 personas--) y la religión mormona se mantuvo, al ser profesada por 3,1 millones de personas contra 2,5 en 1990, mostrando la misma proporción de 1,4%.

http://www.univision.com/contentroot/wirefeeds/world/7904283.html


Educadores asociales - Fernando Savater

Al poco de asumir la presidencia Obama, leí más de un artículo comentando que vuelve a haber en Estados Unidos escuelas sólo para negros porque allí reciben una atención más especializada y obtienen mejores resultados. También en España hay partidarios de una educación separada por sexos, no para discriminar a las féminas, todo lo contrario: porque las chicas son más listas y educándose solas obtienen mejores resultados. Y no faltan padres que reivindican su derecho a no enviar a sus hijos a la escuela y educarlos ellos mismos en casa, una práctica que aseguran hace furor en los países más avanzados... y naturalmente también permite obtener mejores resultados. Porque no me negarán ustedes que son los resultados los que cuentan...
Pero resultados ¿de qué tipo? ¿Sacar mejores notas? ¿Más adecuada y fructuosa preparación laboral? En cualquier caso, por supuesto, nada que tenga que ver con la función social de la educación, que es el nuevo anatema. Lo que más conviene al educando, según estos educadores asociales, es aquello que individualmente mejor le prepare para la competición laboral, aunque sea a costa de las dimensiones cívicas -o sea, sociales- de su formación.
Porque nadie puede dudar que, si de educación para la convivencia se trata, a los que van a vivir juntos hay que educarlos juntos: sea cual fuere su etnia, su sexo o la religión familiar. No para que se lleven obligatoriamente bien, sino para que conozcan cuanto antes los motivos por los que podrían incurrir luego en la tentación nociva de llevarse mal. La única razón para separar ocasionalmente a unos alumnos de otros son las cuestiones estrictamente académicas: necesidad de clases de refuerzo, agrupación por materias o lenguas optativas, etcétera. Por lo demás, si de buenos resultados se trata, no está de más señalar alguno realmente histórico: si hoy el afroamericano Obama ha podido llegar a presidente de USA es gracias a que cuarenta años antes Johnson acabó con la segregación en la escuela: le han votado quienes están acostumbrados a sentarse junto a negros desde su infancia y les juzgan con toda naturalidad por sus méritos y no por el color de su piel.
En España, el más habitual caballo de batalla de la educación asocial es ahora la insistencia en el derecho de los padres a educar a sus hijos, que casualmente nadie pone en duda. En cambio, lo que algunos no sólo discutimos, sino que decididamente negamos, es que posean el monopolio de formar moralmente a sus vástagos. Que los padres les transmitan los valores que prefieran: pero que no nieguen a la escuela pública el derecho a enseñarles que también hay otras opiniones y otros criterios no menos respetables. Cuando hay padres que venden a la televisión las proezas sexuales de sus hijos de trece años o los noviazgos de sus hijas de catorce con acusados de asesinato, no parece mucho pedir. Hemos tenido un ejemplo fehaciente con las estentóreas declaraciones del padre de la infortunada Marta del Castillo, recibido en audiencia por el presidente Zapatero en un acceso demagógico literalmente patético. ¿Acaso quisiéramos que la interpretación de la justicia que reciben los jóvenes dependiese de una perspectiva tan lógicamente sesgada por el deseo de venganza y quizá por una secreta sospecha de irresponsabilidad? En tal caso, como alguien ha señalado, lo mejor sería que las penas a esos delincuentes se establecieran sacando la media entre lo que desean los padres de la víctima, que piden el descuartizamiento del culpable, y los del asesino, que le proclaman buen chico y piden su absolución...
Los padres que de verdad se preocupan por la educación en valores de sus hijos no les enseñan a pensar como ellos, sino a pensar por sí mismos. Y nadie es capaz de tal cosa si no conoce, además de las opiniones que ha mamado, las que han recibido no menos cordialmente otros y las razones de todas. Luego intentará elegir bien, como hemos hecho los demás con mil errores. Por lo demás, ¿educación para la ciudadanía? Hombre, en un país en que los medios de información clericales consideran el laicismo un desvarío de extrema izquierda y el establo "progre" llama fascista a reivindicar el derecho a ser educado en la lengua común... ustedes me dirán.



El Roto

¿Conocen la historia de por qué hoy no habría Diluvio Universal?

A finales del año pasado, preñado de crisis y tormentas de todo tipo, Dios visitó a Noé para comunicarle la trascendental decisión que iba a tomar:

--Mis representantes españoles de la Conferencia Episcopal me han hecho llegar un informe indicándome que España se ha vuelto inhóspita, pecadora, olvidada de mí, opuesta a mis designios y corrompida por toda suerte de pecados. He decidido actuar. Construye un arca y reúne una pareja de cada ser vivo así como algunos seres humanos que sean buenos, por ejemplo tu familia. Tienes 6 meses antes de que comience a llover durante 40 días y 40 noches”

Seis meses después, Dios miró a la tierra. Con asombro observó que Noé estaba barriendo su patio y ni sombra de Arca.

--“Noé, gritó, pronto enviaré la lluvia, donde está el arca?

--Perdóname, Dios mío, imploró Noé, pero los tiempos han cambiado: te explico los problemas que he tenido.

He aquí, con terminología adecuada al caso, el “pliego de descargos” de Noé.

Necesitaba un permiso de construcción para comenzar un Arca tan enorme. Entre los requisitos estaba el sistema dealarma contra incendios, asunto que me ha llevado varias semanas discutiendo con el inspector.

Durante ese tiempo, la Asociación de Vecinos de mi comunidad se ha reunido porque violaba las normas construyendo un arca en el patio y, entre otras cosas, les iba a obstruir la vista. Hemos debido nombrar un tribunal de arbitraje para conseguir un pacto.

A continuación, los Servicios de Urbanismo han presentado una memoria sobre los trabajos necesarios para hacer llegar el agua a mi patio: cuando les he dicho que el mar llegaría al arca, no me han querido creer.

Cuando he pretendido cortar la madera en cantidad suficiente las Asociaciones para la Protección del Medio Ambientese han unido para impedirme cortar árboles, so pretexto de que pondría en peligro el hábitat de varias especies de animales. He intentado explicarles que al contrario, toda esa madera serviría para salvar muchas especies. De nada ha servido.

Aún así y mientras se solventaban los problemas administrativos, comencé a reunir parejas de diferentes especies. Fue entonces cuando la Sociedad Protectora de Animales me atacó bajo el pretexto de que iba a encerrar animales salvajes contra su voluntad, en espacios demasiado pequeños. Asimismo alegaron que haría convivir animales hervíboros con carnívoros: me acusan de actos de crueldad contra los animales.

La Agencia para el Desarrollo Sostenible quiere hacer un estudio de "viabilidad del proyecto". No puedo emprender trabajo alguno mientras no lleguen sus conclusiones.

La Agencia de Empleo tambien me ha abierto expediente porque le han hecho saber que voy emplear trabajadores voluntarios, sin sueldo, protección social...

Los Sindicatos por su parte me prohíben emplear a mis propios hijos: debo emplear solo trabajadores de la construcción muy cualificados y pagar las correspondientes cuotas de afiliación.

Para terminar, la Agencia Tributaria me ha confiscado todos mis bienes, so pretexto de que intentaba huir del país ilegalmente, mientras que Aduanas me acusa de querer pasar la frontera con especies reconocidas en peligro de extinción.

--Perdóname Dios mío, tal vez habría necesitado más de 10 años para la construcción de ese Arca.

De inmediato, las nubes desaparecieron y en el cielo brilló un espléndido Arco Iris.

Noé levantó la cabezo y dijo:

--¿Entonces, no vas a destruir la tierra?
--No es necesario, respondió Dios, ya se encarga la Administración.




La acupuntura no quita el dolor

La acupuntura no quita el dolor. O sólo lo quita cuando las agujas se colocan en sitios erróneos. Por lo menos esto es lo que ha concluido el último estudio conocido al respecto, hecho por el Nordic Cochrane Centre (Dinamarca) y que aparece en el último número de la prestigiosa revista científica British Medical Journal. En el trabajo se han analizado los resultados de 13 ensayos en los que participaron más de 3.000 voluntarios, y se han eliminado los posibles sesgos de los trabajos.
Los resultados se han medido con la llamada escala visual analógica, que va desde el 0 (nada de dolor) a 100 (insoportable). Los datos muestran una diferencia que "no es estadísticamente significativa" entre los pacientes que recibieron una acupuntura bien hecha y a los que se les aplicó una mala, que fue definida como acupuntura placebo. Curiosamente, esta última obtenía en un caso una reducción del dolor de 24 en la escala comparado con las personas que no siguieron tratamiento alguno, lo que apunta a un efecto placebo (la autosugestión hace que las personas sientan de otra manera sus síntomas) más que a unas propiedades terapéuticas, aunque en otros ensayos este efecto se reducía a 5 sobre 100. Cualquier variación por debajo de las 10 unidades en la escala no se considera significativa. "Nuestros resultados cuestionan los fundamentos tradicionales de la acupuntura y la hipótesis de que la acupuntura puede controlar el dolor", concluyen los autores del trabajo.

El uso de la acupuntura es uno de los temas más cuestionados por la ciencia médica actual. Hay países, como Reino Unido, donde se estudia en alguna universidad. En España, Andalucía la incluyó en 2006 en la cartera de servicios cuando se trata de reducir el dolor articular. Pero es una excepción. La mayoría de las comunidades la incluyen en el apartado de terapias naturales, aunque tiene más predicamento que otras. En los ensayos que se analizaron había personas con migraña, artritis o dolor de espalda.

Algunos expertos creen que, aparte del efecto placebo, puede haber un mecanismo "sanador" de la acupuntura. Según éstos, la autosugestión funciona mejor porque ante la idea de que a una persona le claven agujas, ésta puede reaccionar desencadenando la liberación de una serie de neurotransmisores que tienden precisamente a paliar el dolor. Esa reacción justificaría las mejorías que los pacientes dicen que sienten.

Paraíso infernal - Pedro Ugarte

Las políticas conservacionistas son tolerables cuando afectan a animales o piezas de terracota, pero resultan insufribles si se aplican a seres humanos. Se critica a aquellos europeos que fueron a evangelizar a otros pueblos, pero no se critica nada a los evangelizadores de hoy día, quizás debido a la cuota de espacio público que ocupan.
Pongo la radio y en un programa políticamente más correcto que el boletín oficial dos miembros de una minoría indígena americana comparecen ante los micrófonos en compañía del inefable cooperante. El conductor del programa pregunta algo, pero antes de que los indígenas digan esta boca es mía el cooperante arranca con un solo de guitarra sobre las petroleras, esas petroleras que esquilman el planeta y acaban con las formas de vida tradicionales. Son las empresas que plantan los blancos aquí y allá, en el Amazonas, en el Altiplano, las que acaban con las formas de vida tradicionales. El cooperante repite tantas veces el sonsonete "formas de vida tradicionales" que cuesta trabajo denominarlo progresista.

Nosotros, los vascos, hace muchas décadas que nos hemos desprendido de esas "formas de vida tradicionales" que defiende el cooperante. Porque los vascos, aunque hoy no lo parezca, también teníamos aquellas formas: caseríos insalubres, aldeas sin agua corriente, epidemias, hambrunas, una compulsiva y continua emigración. Mientras oigo la denuncia radiofónica me encuentro en la cocina con mis hijos. Estoy poniendo la cena, como todas las noches. Mis hijos comen con regularidad y duermen caliente. No tienen que soportar las duras formas de vida de sus antepasados. Los niños vascos no mueren ahora como morían antes, digamos cuatro de cada cinco, de gripe o de viruela o de hambre o de frío. No mantienen una dieta miserable de castañas y tortas de maíz, no padecen la cercanía de las cuadras, ni conviven con animales. Los hijos de los vascos no disfrutan de las formas de vida tradicionales que llevaban a nuestros antepasados a la tumba, desnutridos, desdentados (y jóvenes) hasta hace poco tiempo. Y los hijos de los vascos no necesitan ahora que un aficionado al turismo revolucionario ensalce los "modos de vida tradicionales" de tribus remotas que tienen tanto derecho al bienestar como nosotros.

El tipo que hablaba por la radio no tiene derecho a impedir que llegue a los demás aquello de que nosotros disfrutamos: gas natural, luz eléctrica, neveras, garajes, bancos, supermercados, colegios, seguros, cines, bares, periódicos, autopistas, trenes, libros, cervezas, hamburguesas, coches, teleféricos, teletiendas, telemandos, telesillas, teletubbies. El tipo no tiene derecho a levantar en otros continentes un odioso zoológico de indígenas que justifiquen sus sueños personales y reaviven las pesadillas ajenas. Los seres humanos tienen derecho a buscar la felicidad, y a equivocarse en la búsqueda, y a extraviarla en sucedáneos, y hasta a dar con ella a la vuelta de una esquina. Los seres humanos tienen derecho a la literatura de Kafka y a los tragos de absenta, a las iglesias y a la pornografía, a los grupos de autoayuda y a las grandes superficies, a las bebidas isotónicas y a los calamares congelados. Los seres humanos tienen derecho a un país lleno de bienes y servicios, y de música enlatada, y de iluminación nocturna, y de panaderías y podólogos y billares y oportunidades. Y no debería haber chiflados que ensalzaran la miseria. El verdadero colonialismo es el de esos iluminados que pretenden salvar al Tercer Mundo de su inminente prosperidad, y que imaginan un paraíso donde sólo está el infierno.

Biblioteca Escéptica - Indice

  1. 101 mitos de la Biblia  ( Gary Greenberg )
  2. Aceite de serpiente y agua bendita   ( Richard Dawkins )
  3. Ad Clerum - De la Iglesia y el sexo  ( Alfonso Fernandez Tresguerres)
  4. Adios a Dios ( Capítulo 19 de “Mira por dónde”, autobiografía de Fernando Savater
  5. Agnósticos y ateos  ( Gonzalo Puente Ojea )
  6. Agujeros Negros y Pequeños Universos  ( Stephen Hawking )
  7. Alternativa pendiente   ( Fernando Savater )
  8. Así habló Zaratustra  ( Friedrich Nietzsche )
  9. Autobiografía y párrafos censurados   ( Charles Darwin )
     
  10. Beatus ille   ( Arturo Pérez Reverte )
  11. Buenas y malas razones para creer  ( Richard Dawkins )
  12. Camino del Calvario  ( Fernando Savater )
  13. Cándido o el optimismo ( Voltaire )
     
  14. Canto de intef ( Anónimo )
  15. Carta al bebe 6.000 (Salman Rusdhie)
  16. Cartas desde el infierno  ( Ramón Sampedro )
  17. Cartas desde la tierra  ( Mark Twain )
  18. Cartas filosóficas  ( Voltaire )
  19. Cien preguntas básicas sobre la ciencia  ( Isaac Asimov)
  20. Ciencia vs pseudociencias  ( Javier Armentia )
  21. Ciencia y religión  ( Anónimo)
  22. Ciencia y técnica como ideología  ( Jurgër Habermas )
  23. Cómo ser libre y felíz   ( Bertrand Russell )
  24. Contra los monoteismos - Entrevista a Michel Onfray
     
  25. Creed en nosotros a cambio  ( Javier Marías )
  26. Creer para ver     ( Entrevista de Eduard Punset a Sam Harris )
  27. Creyentes y no creyentes  ( Timothy Garton Ash )
  28. Crítica a las Religiones ( Fernando Savater )
  29. Crítica de la razón pura   ( Immanuel Kant )
  30. Cuando la religión pisa el césped de la ciencia  ( Richard Dawkins )
  31. Cuando patriotismo rima con religión  ( Rafael Sánchez Ferlosio )
  32. Cuantos ateos se necesitan para cambiar un foco   ( Bobbie Kirkhart )
  33. De lágrimas y de santos  ( Émile Cioran )
  34. De las falsas ciencias  ( Alfonso Fernandez Tresguerres )
  35. De mitos y cosmogonias  ( Eloy Gómez Pellón )
  36. Declaración Universal de los Derechos humanos
  37. Defensores de la fe  ( Slavoj Žižek )
  38. Del fundamentalismo al pluralismo  ( Ramin Jahanbegloo )
  39. Del relativismo cultural   ( David Alvargonzález )
  40. Destejiendo el Arco Iris  ( Richard Dawkins )
  41. Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu  ( Maurice Joly )
  42. Diálogo entre un escéptico y un creyente ( Paul Davies )
  43. Diálogo entre un sacerdote y un moribundo  ( Marques de Sade )
  44. Diálogo sobre la vida (Coloquio entre Carlo María Martini e Ignazio Marino)
  45. Diez mitos y diez verdades acerca del ateísmo ( Sam Harris )
  46. Dios como problema  José Saramago
  47. Dios creó al hombre o el hombre creó a dios?  ( Mónica Salomone )
  48. Dios nació mujer  ( Pepe Rodriguez )
  49. Dios y El Estado  ( Mijail Bakunin )
  50. Dios  ( Jose Pablo Feinmann )
  51. Disolución de la familia  ( Ignacio Sotelo )
  52. Doce pruebas de la inexistencia de Dios   ( Sebastián Faure )
  53. Donde Jesús nunca estuvo  ( Frank R. Zindler )
  54. Ecce homo  ( Friedrich Nietzsche )
  55. El agua milagrosa de la homeopatía  ( Javier Armentia )
  56. El Anticristo  ( Friedrich Nietzsche )
  57. El asombroso viaje de Pomponio Flato  ( Eduardo Mendoza )
  58. El ateo - Entrevista a Richard Dawkins
     
  59. El cerebro de Broca  ( Carl Sagan )
  60. El choque de civilizaciones  ( Samuel Huntington )
  61. El credo falsificado  ( Karl Deschner )
  62. El cristianismo desvelado ( Paul Heinrich Dietrich - Barón de Holbach )
  63. El cristianismo y el sexo   ( Bertrand Russell )
  64. El Dios del sufrimiento?  ( Peter Singer )
  65. El discurso verdadero  ( Celso )
  66. El dogma de Cristo  ( Erich Fromm)
  67. El espejismo de Dios  ( Richard Dawkins)
  68. El evangelio de Marcos  ( Gonzalo Puente Ojea )
  69. El existencialismo es un humanismo  ( Jean-Paul Sartre )
  70. El factor Dios    ( José Saramago )
  71. El futuro del universo   ( Stephen Hawking )
  72. El gen egoísta  ( Richard Dawkins )
  73. El Hereje  ( Miguel Delibes)
  74. El hereje - Entrevista a Fernando Savater
     
  75. El hombre que creó a Jesucristo   (Robert Ambelain )
  76. El mago y el científico   ( Umberto Eco )
  77. El meme electrico ( Robert Aunger )
  78. El miedo a la libertad  ( Erich Fromm )
  79. El mito de Cristo  ( Gonzalo Puente Ojea)
  80. El mito de la moralidad absoluta    ( Hector  Ignacio Avalos )
  81. El mono desnudo  ( Desmond Morris )
  82. El mundo y sus demonios   (Carl Sagan )
  83. El opio del pueblo ( Richard Dawkins )
  84. El Origen de las Especies   ( Charles Darwin )
  85. El panorama de la ciencia   ( Bertrand Russell )
  86. El porvenir de una ilusión  ( Sigmund Freud )
  87. El problema de la religión  ( Salman Rushdie )
  88. El psicoanálisis   ( Entrevista a Mario Bunge )
  89. El relojero ciego  ( Richard Dawkins )
  90. El significado de la vida ( Paul Kurtz )
  91. El supermercado de los modelos familiares  ( Ignacio Sotelo )
  92. El universo en una cáscara de nuez  (Stephen Hawking)
  93. El voto de Ingersoll   ( Robert Green Ingersoll )
  94. Elogio de la blasfemia  ( Alberto Manguel )
  95. Elogio de la ociosidad ( Bertrand Russell )
  96. Elogio del ateismo   ( Gonzalo Puente Ojea )
  97. Elogio del individualismo  ( Rosa Montero )
  98. En nombre de Dios  ( David Yallop )
  99. En que creen los que no creen?    ( Umberto Eco & Carlo María Martini )
  100. Epistemología  ( Mario Bunge)
  101. Ética de la alegría   ( Capítulo del libro “Despierta y lée” De Fernando Savater )
  102. Ética para Amador   ( Fernando Savater )
  103. Es especial la identidad religiosa?    ( Amy Gutmann )
     
  104. Espiritualidad  ( Eduardo Mendoza )
  105. Eutanasia, Iglesia, libertad   ( Salvador Paniker )
  106. Evolución y Religión   ( Entrevista a Daniel Dennett )
  107. Fanáticos y moderados   (Entrevista a Christopher Hitchens )
  108. Fraudes paranormales ( James Randi )
  109. Guía de la Biblia  ( Isaac Asimov )
  110. Ha vencido el hombre a Dios?  ( Octavio Obando Morán )
  111. Hacia una nueva Ilustración: Una Respuesta a las críticas postmodernistas del Humanismo   (Paul Kurtz)
  112. Historia criminal del cristianismo  ( Karlheinz Deschner )
  113. Historia de la sexualidad ( Michel Focault )
  114. Historia de las religiones  ( Francisco Diez de Velasco )
  115. Historia del tiempo  ( Sthephen Hawking )
  116. Historia sexual del cristianismo  ( Karlheinz Deschner )
  117. Idolatria de la diversidad  ( Fernando Savater )
  118. Imposturas intelectuales  ( Alan Sokal )
  119. Juega Dios a los dados ?  ( Stephen Hawking )
  120. Juliano el apóstata  ( Gore Vidal )
  121. La abjuración de Galileo
  122. La actitud científica contra la anticiencia y la pseudociencia ( Paul Kurtz)
  123. La biblia desenterrada  ( Finkelstein y Silberman )
  124. La biblia y la ciencia, la religión y la moral   ( Entrevista a Isaac Asimov)
  125. La carga del escepticismo   ( Carl Sagan )
  126. La ciencia, su método y su filosofía  (Mario Bunge )
  127. La conciencia, sin misterios  (Fragmento de “Dulces sueños. Obstáculos filosóficos para una ciencia de la conciencia”)( Daniel Dennett )
  128. La conquista de la felicidad  ( Bertrand Russell )
  129. La educación religiosa de los niños   ( Osho )
  130. La esclavitud femenina    ( John Stuart Mill )
  131. La estrella de Belén  ( Mark Kidger )
  132. La ética protestante y el espíritu del capitalismo  ( Max Weber )
  133. La existencia de Dios (Debate entre Bertrand Russell y el padre F. Copleston)
  134. La función moral de la religión  ( Paul Kurtz )
  135. La genealogía de la moral  ( Friedrich Nietzsche )
  136. La Gesta del Marrano  ( Marcos Aguinis )
  137. La Iglesia frente al pluralismo ( Ignacio Sotelo )
     
  138. La improbabilidad de Dios    ( Richard Dawkins )
  139. La investigación cientifica ( Mario Bunge )
  140. La laicidad explicada a los niños  (Fernando Savater )
  141. La mente de Dios  ( Entrevista a Steven Weinberg )
  142. La oración de la guerra  ( Mark Twain )
  143. La ovnilogía y la vida extraterrestre  ( Paul Kurtz )
  144. La pretendida verdad verdadera    ( Friedrich Nietzsche )
  145. La puta de Babilonia  ( Fernando Vallejo )
  146. La religión   ( Krishnamurti )
  147. La tabla rasa - La negación moderna de la naturaleza humana  ( Steven Pinker)
  148. Laicismo, cinco tesis   ( Fernando Savater )
  149. Las esclavas de la Iglesia   (Manuel Gonzalez Prada)
  150. Las imperfecciones del diseño evolutivo (Eustoquio Molina y Manuel Tamayo)
  151. Las manipulaciones eclesiásticas del lenguaje:conciencia, laicismo, laicidad ( Gonzalo Puente-Ojea )
  152. Las preguntas de la vida  ( Fernando Savater)
  153. Las ruinas de Palmira    ( Constantine François Volney )
  154. Las técnicas de control mental de las sectas y cómo combatirlas  ( Steve Hassan )
  155. Lo indiscutible   ( Fernando Savater )
  156. Lo inmaterial y la Modernidad ( Manuel Delgado)
     
  157. Lo racional y lo razonable ( Fernando Savater)
  158. Los 7 pecados capitales  ( Fernando Savater )
  159. Los actos obsesivos y las prácticas religiosas  ( Sigmund Freud)
  160. Los diez mandamientos en el siglo XXI  ( Fernando Savater )
  161. Los dineros de Dios   ( Jose Manuel Vidal ) 
  162. Los misiles desviados de la religión    ( Richard Dawkins )
  163. Los problemas de la filosofía  ( Bertrand Russell )
  164. Los requisitos de la tolerancia ( Fernando Savater )
  165. Los últimos tres minutos  ( Paul Davies )
  166. Los Versos Satánicos  ( Salman Rushdie )
  167. Luces del norte ( Phillip Pullman )
  168. Magia, Ciencia y Religión  ( Bronislaw Malinowski )
  169. Maldecir o iluminar   ( Gregorio Peces-Barba )
  170. Malleus Maleficarum (El martillo de los brujos)  (Heinrich Kramer - Jacobus Sprenger )
  171. Manifiesto ateo ( Sam Harris )
  172. Manifiesto humanista 2000 (Academia Internacional de Humanismo)
  173. Manual del perfecto ateo  ( Jorje Volpi )
  174. Manual del perfecto ateo   ( Eduardo Rius )
  175. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica  ( Pepe Rodriguez )
  176. Miles de millones  ( Carl Sagan )
  177. Mis creencias  ( Albert Einstein )
  178. Moralidad sin Dios  ( Marc Hauser - Peter Singer )
  179. Multiculturalismo y feminismo, un dilema imposible   ( Mª Teresa Gonzalez Cortés )
     
  180. No se puede dar a Dios mas que atributos negativos   ( Maimónides )
  181. Nuestra especie  ( Marvin Harris )
  182. Opinión, demencia y sociedad ( Capitulo III del libro Filosofía y superstición)  ( Theodor W. Adorno )
  183. Para que sirve la religión ?   ( Richard Dawkins )
  184. Pensar por sí mismo  ( Ignacio Sotelo )
  185. Planilandia   ( Edwin Abbott )
  186. Pluralismo y laicidad en democracia   ( Gregorio Peces Barba )
  187. Por encima de las leyes  ( Gregorio Peces Barba )
  188. Por qué no creo en el alma (Gonzalo Puente Ojea )
  189. Por qué no soy cristiano  ( Bertrand Russell )
  190. Potenciar la razón   ( Fernando Savater )
     
  191. Psicoanálisis y religión ( Erich Fromm )
  192. Que es el Alma?   ( Bertrand Russell )
  193. Que es la Ilustración ?   ( Michel Foucault )
  194. Qué es la ilustración?   ( Immanuel Kant )
  195. Religión trabajo y sufrimiento  ( Ignacio Sotelo )
  196. Sectas   ( Pepe Rodriguez )
  197. Ser agnóstico   ( Gonzalo Puente Ojea)
  198. Ser, Saber, Hacer  ( Mario Bunge )
  199. Siempre negativa, nunca positiva (Fernando Savater )
  200. Sobre la naturaleza de las cosas ( Lucrecio )
  201. Sobre la naturaleza de los dioses  ( Marco Tulio Ciceron )
  202. Sobre laicidad y laicismo   ( Gregorio Peces - Barba )
  203. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral  ( Friedrich Nietzsche )
  204. Sociedad laica y trascendencia   ( Salvador Pániker )
  205. Sociología De La Religión   ( Max Weber ) 
  206. Son compatibles la ciencia y la religión ?  ( Paul Kurtz)
  207. Tenían ombligo Adán y Eva ?  ( Martin Gardner )
  208. Teoría del Cuerpo Enamorado (Michel Onfray)
  209. Terrorismo y religión  ( Zygmunt Bauman )
  210. Totem y Tabú   ( Sigmund Freud )
  211. Tratado de ateología  ( Michel Onfray )
  212. Tratado de la naturaleza humana  ( David Hume )
  213. Tratado sobre la tolerancia  ( Voltaire )
  214. Tratado teológico político   ( Baruch Spinoza )
  215. Tres actitudes morales  ( Fernando Savater )
  216. Un Universo Diseñado?   (Steven Weinberg)
  217. Una Declaración Humanista Secular ( Paul Kurtz )
  218. Una revisión crítica de la astrología  ( Miguel Angel Sabadell )
  219. Vacas cerdos guerras y brujas   ( Marvin Harris )
  220. Versión laica del ‘non possumus  (Gregorio Peces-Barba )
  221. Violencia, religión y mundo secular  ( Enrique Miret Magdalena ) 

El derecho a la burla - Ronald Dworkin

Mirándolo bien, la prensa británica y buena parte de la estadounidense han acertado al no reproducir las caricaturas danesas por las que protestaron millones de musulmanes airados sembrando una destrucción violenta y terrible en todo el mundo. El hacerlo probablemente hubiera significado -y todavía podría significar- que muriera más gente y se destruyeran más propiedades. Habría causado un gran dolor entre muchos musulmanes británicos y estadounidenses, ya que otros musulmanes les habrían dicho que la publicación pretendía ser una muestra de desprecio hacia su religión, y aunque en la mayoría de los casos esa percepción habría sido inexacta e injustificada, el dolor habría sido auténtico de todos modos. Es verdad que a los lectores y espectadores que han estado siguiendo la historia a lo mejor les hubiera gustado juzgar por sí mismos el impacto, el humor y la naturaleza ofensiva de las caricaturas y, por tanto, la prensa podría haber pensado que en parte era responsabilidad suya el ofrecer esa oportunidad. Pero los ciudadanos no tienen derecho a leer o ver lo que quieran a cualquier precio y, de todas formas, las caricaturas son fáciles de conseguir en Internet.
En ocasiones, la autocensura de la prensa conlleva la pérdida de información, argumentos, literatura o arte importantes, pero no en este caso. Podría parecer que el no publicar las viñetas ha dado una victoria a los fanáticos y a las autoridades que instigaron las protestas violentas contra ellas y que, por tanto, se les ha incitado a emplear tácticas similares en el futuro. Pero existen pruebas sólidas de que la oleada de disturbios y destrucción -repentina, cuatro meses después de que se publicaran por primera vez las caricaturas- fue orquestada por líderes musulmanes de Dinamarca y Oriente Próximo por razones políticas de más peso. Si ese análisis es correcto, el hecho de mantener candente la cuestión mediante nuevas reproducciones beneficiaría en realidad a los responsables y recompensaría su estrategia de fomentar la violencia.

Sin embargo, existe un peligro real de que la decisión de la prensa británica y estadounidense de no publicarlas, aunque sea sabia, se interprete erróneamente como un respaldo a la extendida opinión de que la libertad de expresión tiene sus límites, que debe contraponerse a las virtudes del "multiculturalismo", y que, al fin y al cabo, el Gobierno de Blair acertó al proponer que sea considerado delito el publicar cualquier cosa "grosera o insultante" para un grupo religioso. La libertad de expresión no es sólo un emblema especial y distintivo de la cultura occidental que pueda limitarse o matizarse generosamente en señal de respeto hacia otras culturas que la rechazan, de la forma en que una media luna o una menorah podrían incluirse en una demostración religiosa cristiana. La libertad de expresión es una condición de Gobierno legítimo. Las leyes y las políticas no son legítimas a menos que hayan sido adoptadas mediante un proceso democrático, y un proceso no es democrático si el Gobierno ha impedido a alguien que exprese sus convicciones sobre cuáles deberían ser esas leyes y políticas.
La burla es una clase de expresión bien determinada; su esencia no puede redefinirse de una forma retórica menos ofensiva sin expresar algo muy distinto de lo que se pretendía. Ése es el motivo por el que, durante siglos, las tiras humorísticas y otras formas de sátira han estado, incluso cuando eran ilegales, entre las armas más importantes de nobles y de perversos movimientos políticos. Por ello, en una democracia, nadie, por poderoso o impotente que sea, puede tener derecho a no ser insultado u ofendido. Ese principio es de especial importancia en una nación que lucha por la justicia racial y étnica. Si unas minorías débiles o impopulares desean que el derecho las proteja de la discriminación económica o legal, si desean que se promulguen leyes que prohíban la discriminación contra ellas, por ejemplo, en el plano laboral, deben estar dispuestas a tolerar cualquier insulto o burla que la gente contraria a dicha legislación desee ofrecer a los demás votantes, ya que sólo una comunidad que permita esos insultos como parte del debate público puede adoptar legítimamente dichas leyes. Si esperamos que los fanáticos acepten el veredicto de la mayoría una vez que ésta haya hablado, debemos permitirles expresar su fanatismo en el proceso cuyo veredicto les pedimos que acepten. Signifique lo que signifique el multiculturalismo, signifique lo que signifique reclamar un mayor "respeto" para todos los ciudadanos y grupos, estas virtudes serían contraproducentes si se creyera que justifican la censura oficial.
Los musulmanes que se sienten escandalizados por las caricaturas danesas señalan que en diversos países europeos es un delito negar públicamente, como ha hecho el presidente de Irán, que el Holocausto haya existido alguna vez. Por tanto, dicen, la preocupación de Occidente por la libertad de expresión no es más que hipocresía interesada, y llevan razón. Pero, por supuesto, el remedio no es hacer que el compromiso de la legitimidad democrática sea todavía mayor de lo que ya es, sino trabajar por una nueva comprensión de la Convención Europea de Derechos Humanos, que revocaría la ley de la negación del Holocausto y otras leyes similares en toda Europa por lo que son: violaciones de la libertad de expresión que exige esa convención. Con frecuencia se dice que la religión es especial, porque las convicciones religiosas de la gente son tan esenciales para su personalidad que no se le debería pedir que tolere que se burlen de sus creencias, y porque podría sentir un deber religioso de contraatacar lo que considera un sacrilegio. Según parece, Gran Bretaña ha adoptado esa visión, ya que conserva el delito de la blasfemia, aunque sólo para los insultos a la cristiandad.
Pero no podemos hacer una excepción con el insulto religioso si queremos utilizar la ley para proteger el libre ejercicio de la religión de otras formas. Por ejemplo, si deseamos impedir que la policía investigue a personas con aspecto o vestimenta musulmanes para llevar a cabo redadas especiales, no podemos impedir también que la gente se oponga a esa política afirmando, en caricaturas o de otro modo, que el islam está a favor del terrorismo, por muy descaminada que nos parezca esa opinión. Sin duda, deberíamos criticar la opinión y el gusto de esa gente. Pero la religión debe acatar los principios de la democracia, y no al revés. No se puede permitir que ninguna religión legisle para todo el mundo lo que se puede o no se puede dibujar, del mismo modo en que no puede legislar lo que se puede o no se puede comer. Es inconcebible que las convicciones religiosas de nadie se impongan a la libertad que hace posible la democracia.

Por qué es prácticamente seguro que dios no existe - Richard Dawkins

USA, país que fue fundado en el laicismo como faro de la Ilustración del siglo XVIII, se está convirtiendo en víctima de la política religiosa, una circunstancia que hubiera horrorizado a los fundadores de la nación. El poder político de hoy en día concede más valor a las células embrionarias que a las personas adultas. Se obsesiona con el matrimonio de homosexuales, en lugar de preocuparse por temas verdaderamente importantes que suponen una diferencia para el mundo. Obtiene un apoyo electoral crucial de unos ciudadanos religiosos con tan poco sentido de la realidad que creen que van a "ascender" al cielo, quedando sus vestimentas tan vacías como sus mentes. Otros especímenes más extremos anhelan una guerra mundial, que identifican con el Apocalipsis que presagia el Segundo Advenimiento. Sam Harris, en su nuevo y breve libro Carta a una nación cristiana [Letter to a Christian Nation] da en el clavo, como siempre:
"Por lo tanto, no es exagerado afirmar que si la ciudad de Nueva York fuera súbitamente reemplazada por una bola de fuego, un porcentaje significativo de la población usamericana vería un halo de esperanza en el subsiguiente hongo nuclear, pues sugeriría que iba a suceder lo mejor que jamás pudiera ocurrir: el regreso de Cristo… Imagínense las consecuencias si una parte significativa del gobierno de USA realmente pensara que el mundo está a punto de acabarse y que el fin va a ser glorioso. El hecho de que casi la mitad de la población usamericana aparentemente se lo cree, basándose simplemente en el dogma religioso, debería considerarse una emergencia moral e intelectual."


¿Comprueba Bush diariamente el índice de ascensiones, como hacía Reagan con el horóscopo? No lo sabemos, pero ¿acaso alguien se sorprendería?Mis colegas científicos tienen razones añadidas para declarar una emergencia. Los ataques a la investigación sobre células madre, ignorantes y absolutistas, no son más que la punta del iceberg. Estamos ante nada menos que un ataque global a la racionalidad y a los valores de la Ilustración que inspiraron la creación de la primera y más grande de las repúblicas laicas. La educación científica, y con ella el futuro de la ciencia en este país, está amenazada. Derrotada provisionalmente en un juzgado de Pennsylvania, la "pasmosa estupidez" (frase inmortal del juez John Jones) del "diseño inteligente" sigue aflorando continuamente. Atajarla es una responsabilidad que nos lleva mucho tiempo pero que es importante, y los científicos están empezando a salir de su autocomplacencia. Durante años han seguido tranquilamente con su ciencia, subestimando de forma lamentable a los creacionistas que, sin aptitud ni interés por la ciencia, se han dedicado a la muy seria labor política de subvertir a las juntas escolares locales. Los científicos, y los intelectuales en general, están ahora tomando conciencia de esta amenaza que nos viene de los talibanes usamericanos. Los científicos se dividen en dos campos según lo que consideran la mejor estrategia para enfrentarse a la amenaza. La corriente de opinión de Neville Chamberlain, favorable del apaciguamiento, se centra en la batalla de la evolución. En consecuencia, sus miembros identifican al fundamentalismo como el enemigo y hacen ingentes esfuerzos por apaciguar la religión "moderada" o "sensata" (lo cual no es una tarea difícil, pues los obispos y los teólogos desprecian a los fundamentalistas tanto como los científicos). En cambio, los científicos de la corriente de Winston Churchill, consideran que la lucha por la evolución no es más que una batalla en una guerra más amplia: una guerra que se avecina entre el supernaturalismo por un lado y la racionalidad por otra. Para ellos, los obispos y los teólogos están, junto con los fundamentalistas, en el bando de lo supernatural, y no es cuestión de apaciguarlos. La escuela de Chamberlain acusa a los churchilianos de sacudir el bote hasta el extremo de enturbiar las aguas. El filósofo de la ciencia Michael Ruse escribió:"Nosotros, que amamos la ciencia, tenemos que darnos cuenta de que el enemigo de nuestros enemigos es nuestro amigo. Es demasiado frecuente que los evolucionistas dediquen tiempo a insultar a quienes podrían ser sus aliados. Esto vale sobre todo para los evolucionistas laicos. Los ateos pasan más tiempo atacando a cristianos bien dispuestos que enfrentándose a los creacionistas. Cuando Juan Pablo II escribió una encíclica en la que aprobaba el darwinismo, la respuesta de Richard Dawkins se redujo a acusarle de hipocresía, a decir que era imposible que fuera sincero al referirse a la ciencia, y Dawkins afirmó que él prefería a un fundamentalista honrado."Un reciente artículo de Cornelia Dean publicado en el New York Times cita al astrónomo Own Gingerich cuando dice que, al propugnar simultáneamente la evolución y el ateísmo, "el Dr. Dawkins probablemente está consiguiendo lograr más adeptos al diseño inteligente que cualquiera de los principales teóricos del diseño inteligente". No es la primera, no es la segunda, no es ni siquiera la tercera vez que se hace esta observación absolutamente estúpida. Los chamberlainitas suelen citar el principio del difunto Stephen Jay Gould: NOMA, non-overlapping magisteria, "magisterios que no se superponen". Gould mantenía que la ciencia y la auténtica religión nunca entran en conflicto porque habitan dimensiones del discurso totalmente separadas:"Se lo digo a todos mis colegas, y lo repito por enésima vez (tanto en reuniones estudiantiles como en tratados eruditos): sencillamente, la ciencia no puede zanjar con sus métodos legítimos la cuestión de la posible supervisión de la naturaleza por parte de Dios. Ni lo afirmamos ni lo negamos; sencillamente, no podemos pronunciarnos sobre ello como científicos." Suena estupendamente, hasta que uno se para a pensar un momento sobre ello. Entonces, se da cuenta de que la presencia de una deidad creadora en el universo es claramente una hipótesis científica. De hecho, es difícil imaginarse, en toda la ciencia, una hipótesis más trascendental. Un universo con un dios sería un tipo de universo totalmente diferente de un universo sin dios, y la diferencia sería científica. Dios podría resolver el asunto a su favor en cualquier momento montando una demostración espectacular de sus poderes, algo que pudiera satisfacer incluso los exigentes estándares de la ciencia. Incluso la Templeton Foundation, de triste fama, reconoció que Dios es una hipótesis científica: financiando ensayos con doble enmascaramiento para averiguar si las oraciones a distancia podían acelerar la recuperación de pacientes enfermos del corazón. Por supuesto, el resultado fue negativo, aunque un grupo de control que sabía que habían rezado por ellos más bien empeoró (¿qué tal si se entabla una demanda colectiva contra la Templeton Foundation?). A pesar de esfuerzos como éstos, que tanta financiación han recibido, no se han hallado aún pruebas de la existencia de Dios.Para apreciar la hipocresía de las personas creyentes que aceptan el principio NOMA, imagínense que unos arqueólogos forenses descubrieran, por casualidad, unas pruebas basadas en el ADN que demostraran que Jesús nació de una madre virgen y que no tenía padre. Si los entusiasta del NOMA fueran sinceros, deberían rechazar el ADN del arqueólogo sin dudarlo: "Es irrelevante. Las pruebas científicas no tienen ninguna relación con las cuestiones teológicas. Magisterio equivocado." ¿Acaso alguien se cree, de verdad, que iban a decir algo de ese estilo? Podemos apostarnos lo que sea a que no sólo los fundamentalistas, sino todos los profesores de teología y todos los obispos del país proclamarían a los cuatro vientos la evidencia arqueológica.O bien Jesús tenía padre o no lo tenía. La cuestión es una cuestión científica, y se usarían pruebas científicas, de haberlas, para zanjarla. Lo mismo vale para cualquier milagro; y la creación deliberada e intencionada del universo tendría que haber sido la madre y el padre de todos los milagros. O bien ocurrió o bien no ocurrió. Se trata de un hecho, así o asá, y en nuestro estado de incertidumbre le podemos asignar una probabilidad; una estimación que puede ir variando a medida que se acumula más información. La mejor estimación, por parte de la humanidad, de la probabilidad de la creación divina se redujo considerablemente en 1859 con la publicación del Origen de las especies, y a lo largo de las décadas subsiguientes ha seguido reduciéndose, mientras la evolución se consolidaba en el siglo XIX como teoría plausible, hasta llegar a convertirse, en la actualidad, en un hecho demostrado. La táctica de los chamberlainitas de ponerse a buenas con la religión "razonable", a fin de presentar un frente unido frente a los creacionistas ("diseño inteligente"), no es mala si nuestra preocupación central es la batalla por la evolución. Se trata de una preocupación válida y aplaudo a quienes la defienden, como Eugenie Scott en Evolución frente a Creacionismo [Evolution versus Creationism]. Pero si nos preocupa la formidable cuestión científica de si el universo fue o no creado por una inteligencia supernatural, entonces las líneas divisorias pasan por otro sitio. Tratándose de esta cuestión más amplia, los fundamentalistas están en el mismo bando que la religión "moderada" y yo me encuentro en el bando opuesto.Por supuesto, se está presuponiendo que el Dios del que hablamos es una inteligencia personal tal como Yavé, Alá, Baal, Wotan, Zeus o Hare Krishna. Si por "Dios" entendemos amor, naturaleza, bondad, el universo, las leyes de la física, el espíritu de la humanidad o la constante de Planck, todo lo anterior carece de sentido. Una estudiante usamericana preguntó a su profesor si tenía alguna opinión sobre mí. "Claro que sí", le respondió aquél. "Está absolutamente convencido de que la ciencia es incompatible con la religión, pero se extasía con la naturaleza y el universo. Para mí, ¡eso es religión!" En efecto, si eso es lo que se entiende por religión, muy bien, entonces soy un hombre religioso. Pero si tu Dios es un ser que diseña universos, escucha plegarias, perdona pecados, hace milagros, lee tus pensamientos, se preocupa por tu bienestar y te resucita de los muertos, entonces no es probable que te sientas satisfecho. Como dijo el célebre físico usamericano Steven Weinberg, "Si quieres decir que 'Dios es energía' entonces puedes encontrar a Dios en un pedazo de carbón". Pero no cuentes con que vas a llenar tu iglesia de fieles.Cuando Einstein dijo "¿Tenía Dios una opción cuando creó el universo?", lo que quería decir es "El universo, ¿se podría haber iniciado de más de una manera?" "Dios no juega a los dados" fue una expresión poética de Einstein para mostrar su duda sobre el principio de indeterminación de Heisenberg. Es sabido que Einstein se molestó cuando los teístas interpretaron esta afirmación como creencia en un Dios personal. Pero, ¿qué esperaba? Debía haber sido palpable para él el ansia de malentendidos. Los físicos "religiosos" normalmente resulta que lo son sólo en el sentido einsteiniano: son ateos con un temperamento poético. También yo lo soy. Sin embargo, dado este anhelo de malentendidos, tan extendido, el confundir deliberadamente el panteísmo einsteiniano con la religión sobrenatural es un acto intelectual de alta traición.Si aceptamos pues que la hipótesis de Dios es una hipótesis científica propiamente dicha, a cuya verdad o falsedad no tenemos acceso simplemente por falta de pruebas, ¿cuál debería ser nuestra mejor estimación de la probabilidad de que Dios existe, dadas las pruebas de las que disponemos en estos momentos? En mi opinión, la probabilidad es bastante reducida, y a continuación explico por qué. En primer lugar, la mayoría de los argumentos tradicionales a favor de la existencia de Dios, desde Tomás de Aquino, son fáciles de desmontar. Varios de ellos, por ejemplo el argumento de la primera causa, se basan en una regresión infinita que llega a su fin con Dios. Pero nadie nos explica por qué Dios, misteriosamente, es capaz de poner fin a las regresiones infinitas sin requerir él mismo una explicación. Ciertamente, necesitamos algún tipo de explicación para el origen de todas las cosas. Los físicos y los cosmólogos se dedican a esta ardua labor. Pero cualquiera que sea la respuesta (una fluctuación cuántica aleatoria, o una singularidad Hawkings/Penrose o como quiera que acabemos llamándola), será simple. Por definición, las cosas complejas, estadísticamente improbables, no ocurren así sin más; necesitan ser explicadas. No son capaces de poner fin a las regresiones infinitas, a diferencia de lo que ocurre con las cosas simples. La primera causa no puede haber sido una inteligencia, por no hablar de una inteligencia que responde a plegarias y le gusta ser adorada. Las cosas inteligentes, creativas, complejas, estadísticamente improbables aparecen tardíamente en el universo, como producto de la evolución o de algún otro proceso de escalada gradual a partir de un principio simple. Aparecen tardíamente en el universo y por tanto no pueden ser responsables de su diseño.Otro de los esfuerzos de Tomás de Aquino, la vía de los grados de perfección, merece la pena ser expuesto con detalle, pues es un típico ejemplo de la debilidad del razonamiento teológico. Tomás de Aquino dijo que nosotros percibimos grados, pongamos por caso, de bondad o temperatura, y los medimos por referencia a un máximo:"Ahora bien, el máximo de cualquier género es la causa de todo en dicho género; así el fuego, que es el máximo del calor, es la causa de todas las cosas calientes... Por tanto, debe existir algo que sea para todos los seres la causa de su ser, bondad, y cualquier otra perfección; y eso es lo que llamamos Dios."¿Eso se considera un argumento? Por la misma razón podríamos decir que la gente varía en cuanto a su olor, pero que sólo podemos juzgarlos por referencia a un máximo perfecto de olor concebible. Por tanto, debe existir un ser oloroso preeminente sin parangón, y lo llamamos Dios. Se puede utilizar cualquier otra dimensión comparativa que se desee, para derivar una conclusión igualmente fatua. A eso lo llaman teología.El único de los argumentos tradicionales a favor de Dios que se emplea ampliamente en la actualidad es el argumento teleológico, llamado a veces "argumento del diseño", si bien (dado que el nombre da por sentada la cuestión de su validez) debería llamarse más bien "argumento a favor del diseño". Se trata del familiar argumento "del relojero", que sin duda es uno de los malos argumentos más superficialmente plausibles jamás descubiertos; y que casi todo el mundo redescubre hasta que se les hace ver la falacia lógica y la brillante alternativa de Darwin.En el mundo familiar de los artefactos humanos, las cosas complicadas que tienen apariencia de haber sido diseñadas han sido diseñadas. Para un observador ingenuo, parece deducirse que las cosas del mundo natural de similar complejidad que parecen diseñadas, como los ojos o los corazones, también han sido diseñadas. No se trata solamente de un argumento por analogía. Aquí hay una apariencia de razonamiento estadístico; es falaz, pero comporta una ilusión de plausibilidad. Si barajamos un millón de veces al azar los fragmentos de un ojo o de una pierna o de un corazón, ya tendríamos suerte e dar con una sola combinación capaz de ver, caminar o bombear. Esto demuestra que estos dispositivos no podrían haberse constituido al azar. Y por supuesto que ningún científico razonable dijo jamás que así fuera. Lamentablemente, la educación científica de la mayoría de los estudiantes británicos y usamericanos omite toda mención de Darwin, y por tanto la única alternativa al azar que la mayoría de las personas pueden imaginar es el diseño.Incluso antes de la época de Darwin, la falta de lógica saltaba a la vista: ¿cómo podría haber sido jamás una buena idea postular, como explicación para la existencia de cosas improbables, a un diseñador que tendría que ser más improbable aún? Todo el argumento cae lógicamente por su base, como ya se dio cuenta Hume antes del nacimiento de Darwin. Lo que no conocía Hume es la alternativa de suprema elegancia que Darwin propondría, alternativa tanto al azar como al diseño. La selección natural es tan deslumbrantemente poderosa y elegante que no sólo explica la totalidad de la vida, sino que eleva nuestra conciencia y da una espaldarazo a nuestra confianza en la capacidad de la ciencia para explicar todo lo demás.La selección natural es más que una mera alternativa al azar; es la única alternativa definitiva jamás planteada. El diseño sólo es una explicación factible de la complejidad organizada a corto plazo. No es una explicación final, pues los propios diseñadores requieren una explicación. Si, como una vez especularon Francis Crick y Leslie Orgel medio en broma, la vida fue sembrada deliberadamente en nuestro planeta por un cargamento de bacterias que venía en la ojiva de un cohete, habrá que hallar una explicación para los alienígenas inteligentes que lanzaron el cohete. En última instancia, tienen que haber evolucionado de forma gradual a partir de inicios más simples. Solamente la evolución, o algún tipo de "grúa" gradualista, para emplear el ingenioso término de Daniel Dennett, es capaz de poner fin a la regresión. La selección natural es un proceso anti-aleatorio que va construyendo gradualmente la complejidad, paso a paso. El producto final de este efecto cremallera es un ojo, o un corazón, o un cerebro; un dispositivo cuya complejidad es absolutamente desconcertante hasta que divisamos la suave rampa por la que se llega a él.Esté, o no, en lo cierto en cuanto a mi conjetura de que la evolución es la única explicación para la vida en el universo, de lo que no cabe duda es de que es la explicación de la vida en este planeta. La evolución es un hecho, y está entre los hechos más fehacientes que conoce la ciencia. Pero tuvo que empezar de alguna manera. La selección natural no puede obrar sus milagros hasta que no se den ciertas condiciones mínimas, de las cuales la más importante es un sistema de duplicación fiable; el ADN o algo que funcione como el ADN.El origen de la vida en nuestro planeta, es decir, el origen de la primera molécula capaz de autorreproducirse, es difícil de estudiar, pues (probablemente) sólo sucedió una vez, hace 4 mil millones de años en condiciones muy distintas de las que ahora prevalecen. Tal vez nunca lleguemos a saber cómo ocurrió. A diferencia de los sucesos evolutivos que le siguieron, debe haber sido un suceso auténticamente improbable; demasiado improbable, quizás, como para que los químicos lo reproduzcan en el laboratorio o desarrollen siquiera una teoría plausible de lo que ocurrió. Esta conclusión tan extrañamente paradójica, el que una explicación química del origen de la vida, para ser plausible, tiene que ser inverosímil, sería la conclusión correcta si la vida en el universo fuera extremadamente rara. Y de hecho nunca nos hemos topado con ningún atisbo de vida extraterrestre, ni siquiera por radio; circunstancia que dio lugar a la exclamación de Enrico Fermi: "¿Dónde están todos?"Supongamos que el origen de la vida en un planeta tuvo lugar por un golpe de suerte sumamente improbable, tan improbable que únicamente sucede en un planeta por cada mil millones de planetas. La Fundación Nacional de Ciencia se reiría del químico que propusiera una investigación que sólo tuviera una probabilidad de éxito del uno por cien, por no hablar de uno entre mil millones. Y sin embargo, dado que hay al menos un trillón de planetas en el universo, incluso con unas probabilidades tan reducidas se llega a que hay vida en mil millones de planetas. Y uno de ellos (aquí es donde entra en juego el principio antrópico) tiene que ser la Tierra, puesto que aquí estamos.Si partiéramos en una nave espacial para encontrar el planeta de la galaxia que alberga vida, las probabilidades en contra de hallarlo serían tan altas que en la práctica sería una tarea imposible. Pero si estamos vivos (y es patente que lo estamos si estamos a punto de embarcar en una nave espacial) no tenemos que molestarnos en buscar ese único planeta puesto que, por definición, nos encontramos en él. El principio antrópico es realmente bastante elegante. Por cierto, yo en realidad no creo que el origen de la vida fuera tan improbable. Creo que la galaxia tiene muchas islas de vida diseminadas por ahí, aunque esas islas estén demasiado apartadas unas de otras para que podamos concebir esperanzas de encontrarnos con una de ellas. A lo que quiero llegar es simplemente que, dado el número de planetas en el universo, el origen de la vida podría ser, en teoría, un golpe de suerte equivalente al de un golfista con los ojos vendados que metiera la bola en uno. La belleza del principio antrópico es que, incluso con estas pasmosas probabilidades en nuestra contra, nos da una explicación perfectamente satisfactoria de la presencia de la vida en nuestro propio planeta.El principio antrópico se suele aplicar, no a planetas sino a universos. Los físicos han sugerido que las leyes y constantes de la física son demasiado buenas - como si el universo estuviera montado para favorecer nuestra eventual evolución. Es como si hubiera, digamos, media docena de diales que representan las principales constantes de la física. En principio, cada uno de los diales se puede ajustar a un valor determinado de una amplia gama de valores. Jugueteando al azar con estos diales, casi cualquier combinación daría lugar a un universo en el que la vida sería imposible. Algunos universos se esfumarían en el primer microsegundo. Otros no contendrían ningún elemento de mayor peso que el hidrógeno y el helio. Y en otros, la materia nunca se condensaría para formar estrellas (y se necesitan estrellas para que surjan los elementos químicos y con ellos la vida). Se puede hacer una estimación de las probabilidades, muy bajas, de que los seis diales están bien ajustados, y concluir que debe haber intervenido un sintonizador divino. Pero como ya hemos visto, esta explicación es vacua porque da por sentada la cuestión más fundamental de todas. El divino sintonizador tendría que ser, por su parte, al menos tan improbable como el ajuste de sus diales.Una vez más, el principio antrópico brinda una solución de una elegancia abrumadora. Los físicos tienen ya razones para sospechar que nuestro universo, todo lo que vemos, es sólo un universo entre tal vez miles de millones. Algunos teóricos postulan un multiverso de espuma, en donde el universo que conocemos no es más que una burbuja. Cada burbuja tiene sus propias leyes y constantes. Las leyes de la física que nos resultan familiares son unas leyes provincianas. De todos los universos en la espuma, sólo una minoría posee lo que se necesita para generar vida. Y, con una visión antrópica a posteriori, es obvio que tenemos que encontrarnos en un miembro de esta minoría, pues aquí estamos, ¿no? Como han dicho los físicos, no es ningún accidente que veamos estrellas en el cielo, pues un universo sin estrella carecería de los elementos químicos necesarios para la vida. Es posible que existan universos en cuyos cielos no haya estrellas; pero estos universos carecen de habitantes que las echen en falta. Análogamente, no es ningún accidente que veamos una gran diversidad de especies vivas: pues un proceso evolutivo que es capaz de dar lugar a una especie que ve cosas y reflexiona sobre ellas necesariamente tiene que producir al mismo tiempo muchas otras especies. La especie reflexiva debe estar rodeada de un ecosistema, igual que debe estar rodeada de estrellas. El principio antrópico nos permite postular una buena dosis de suerte a la hora de explicar la existencia de vida en nuestro planeta. Pero hay límites. Se nos permite un golpe de suerte para el origen de la evolución, y quizás por unos cuantos sucesos únicos más, como el origen de la célula eucariota y el origen de la conciencia. Pero con eso se acaba nuestro derecho a postular la suerte a gran escala. Insisto en que no podemos invocar grandes golpes de suerte que expliquen la ilusión de diseño que transmite cada una de las mil millones de especies de seres vivos que han poblado la Tierra. La evolución de la vida es un proceso general y continuo, que esencialmente da lugar al mismo resultado en todas las especies, aunque los detalles varíen.A diferencia de lo que a veces se afirma, la evolución es una ciencia predictiva. Si se toma una especie hasta ahora no estudiada y se la somete a un minucioso escrutinio, cualquier evolucionista podrá predecir que cada individuo que se observe hará todo lo que esté en su poder, a la manera propia de su especie (planta, herbívoro, carnívoro, nectívoro o lo que sea) para sobrevivir y propagar el ADN que alberga. No estaremos aquí el tiempo suficiente para poner a prueba la predicción, pero podemos decir, con gran confianza, que si un cometa alcanza la Tierra y extermina los mamíferos, una nueva fauna surgirá para ocupar su lugar, igual que los mamíferos ocuparon el de los dinosaurios hace 65 millones de años. Y los roles que desempeñarán los nuevos actores en el drama de la vida serán a grandes rasgos, aunque no en los detalles, similares a los roles que desempeñaron los mamíferos y los dinosaurios antes que ellos, y antes que los dinosaurios los reptiles que se asemejaban a los mamíferos. Es de esperar que las mismas reglas se sigan en millones de especies en todo el globo, y durante cientos de millones de años. Una observación general de este tipo requiere un principio explicativo diferente del principio antrópico que explica sucesos excepcionales como el origen de la vida o el origen del universo como un golpe de suerte. Este principio totalmente diferente es la selección natural.Nosotros explicamos nuestra existencia combinando el principio antrópico y el principio de selección natural de Darwin. Esta combinación proporciona una explicación completa y profundamente satisfactoria de todo lo que vemos y sabemos. La hipótesis divina no sólo es innecesaria. No es en absoluto parsimoniosa. No solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la vida. Dios aparece en el universo como algo flagrantemente superfluo. Por supuesto, no podemos demostrar la inexistencia de Dios, como tampoco podemos demostrar la inexistencia de Thor, las hadas, los duendes y el Monstruo Espagueti Volador. Pero, al igual que ocurre con esas otras fantasías que no podemos desmentir, podemos decir que Dios es muy, muy improbable.Y éste es el resto.

Exorcismo - Manuel Vicent

Ninguna energía se puede comparar con la que generan los siete pecados capitales. La humanidad estaría todavía en las cavernas de no ser por estas siete grandes turbinas del espíritu que la han empujado con enorme fuerza hacia lo alto de la historia. Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza : estos pecados capitales son los motores del poder y del progreso, de la perpetuación de la especie, de la creación de riqueza, del cultivo de las artes, de la investigación científica y de todas las conquistas de la gastronomía. Cada uno de estos pecados tiene, en contrapartida, una correspondiente virtud que sirve para neutralizarlo. Recordad aquella cantinela del catecismo: contra la soberbia, humildad ; contra la avaricia, largueza ; contra la lujuria, castidad; contra la ira, paciencia; contra la gula, templanza; contra la envidia, caridad; contra la pereza , diligencia. Si la humanidad se guiara por estas pautas, el mundo sería una balsa de aceite, pero el tedio acumulado por tanta bondad podría convertirse en una formidable carga neutra, que si un día llegara a estallar, causaría tantos estragos como una bomba de hidrógeno. Repasad todas las estátuas que adornan las plazas de las ciudades, todas las estampas que ilustran en los libros de historia. La mayoría de esos mármoles y grabados rememoran a personajes que impulsaron a la humanidad pisando serpientes y alacranes o vendiendo su alma al diablo. En la Universidad Pontificia de Roma se acaba de inaugurar un curso de exorcismo, convocado por el Papa, y en él se han inscrito varios centenares de sacerdotes especialistas en expulsar del cuerpo a Satanás. Hasta ahora la posesión diabólica se manifestaba cuando un pobre pelanas se retorcía de forma convulsa ante el Crucifijo, echaba espuma por la boca, desarrollaba una fuerza descomunal y hablaba lenguas extrañas.Lejos de enarbolar una ristra de ajos , como en el caso de Drácula, en este simposio se trata de someter la antigua práctica del exorcismo a una revisión moderna. En este caso sería muy estimulante que estos exorcistas convocaran al propio Satanás para que les diera una lección magistral. Si la oración fuera efectiva, de pronto se presentaría en el estrado un ser vestido de rojo, como un cardenal, con orejas puntiagudas emergiendo por debajo de una mitra de oro, que les hablaría así: señores, yo soy el dueño de los pecados capitales, los siete motores del espíritu que han hecho la historia, hincad las rodillas y adoradme.

Archivo del blog